El reto de avanzar hacia una industria menos dependiente del comercio global

Los precios industriales registraron en marzo un crecimiento del 6,6% y se dispararon un 46,6% en tasa interanual, lo que constituye el repunte más elevado de los últimos 46 años. Los precios de la industria encadenan así ya 15 meses consecutivos de aumentos interanuales, provocados principalmente por el encarecimiento de la energía, pero también por problemas de suministros y transporte. La industria está acusando con intensidad la crisis de desabastecimiento de materias primas, bienes de equipo y componentes intermedios, como es el caso de los semiconductores, que se ha cernido sobre la economía mundial tras la pandemia y que está agravando aún más la presión ejercida por el alza del coste de la energía.

La curva de los precios industriales se enmarca en un entorno de vientos inflacionistas que está haciéndose sentir sobre todo el tejido empresarial. Aunque las previsiones del Banco de España señalan que la economía española convivirá este año con una inflación media del 7,5%, la fuerte incertidumbre que planea sobre la economía mundial, con una crisis energética que no resulta fácil de controlar a corto plazo, un posible enquistamiento del conflicto en Ucrania y el resurgir de la pandemia de Covid en China, pueden dejar en papel mojado todas las previsiones sobre la evolución de los precios. Pekín ha comenzado a aplicar severas medidas restrictivas para tratar de contener el brote epidémico, lo que ha provocado, como primera consecuencia comercial, un descomunal atasco de en el puerto de Shanghái que puede perjudicar aún más cadenas de suministro global. Los datos apuntan a que hay medio millar de barcos paralizados en el país, aunque la escasa transparencia del Gobierno chino impide calibrar con seguridad las dimensiones exactas del problema.

Las complejas piezas que componen el actual escenario económico mundial, en el que confluyen los efectos de una pandemia, los de una guerra y los de una crisis energética, dibujan un panorama que a corto y medio plazo estará marcado por el aumento constante de la inflación. Ello seguirá repercutiendo en el crecimiento de los precios industriales, que retroalimentarán a su vez las tensiones inflacionistas, y que se verán impulsados por factores de muy difícil control, como es el caso de las tensiones sobre puertos y fletes en China. Se trata de una suerte de tormenta perfecta que es, en buena parte, consecuencia de una economía altamente globalizada y cuya fragilidad ha quedado en evidencia en esta crisis. Precisamente por ello, entre los retos no deseados de la compleja coyuntura actual, figura la necesidad de que la industria se replantee la sostenibilidad y los riesgos de un modelo de suministro excesivamente dependiente del exterior.