El papel de las renovables en la crisis energética y el transporte

Es una contradicción criticar estos recursos y a la vez lamentarse de la dependencia externa de España

La escalada de precios motivada por la guerra en Ucrania ha reavivado el debate sobre la configuración del mercado de la energía y sus posibles soluciones. Ante este problema, se plantean soluciones variopintas y apresuradas al calor de la emergencia presente. Así, la idea de recurrir al gas natural para mejorar la situación parecía idónea hace apenas tres meses, cuando el debate se centraba en si era verde, ahora se ha puesto de manifiesto que su dependencia es crítica y una fuente constante de fragilidad en Europa.

Las soluciones en muchas ocasiones obvian el marco de juego. Deben adoptarse a nivel europeo, bajo una regulación común, aunque a veces olvidamos que se trata de un mercado único donde todos los días se intercambia energía entre los distintos Estados. En la última semana, España exportaba el 15% de su producción total de energía a Francia y Portugal. Así, si España decidiera unilateralmente el incentivo de la producción de una determinada fuente, sería inmediatamente denunciado por los demás Estados pues se podría producir aquí y exportar al resto (con las limitaciones obvias por el tipo de producto). Todo lo anterior explica la postura actual del Gobierno.

Otro dato, la fijación de precios, debe realizarse conforme a un sistema que sea claro y transparente y evite distorsiones. El actual, de cruce de oferta y demanda, cumple esas exigencias, aunque al ser marginalista provoca que la energía más cara fije el precio de todas las demás, toda una deficiencia del sistema. Aunque la propia naturaleza del mercado y de las tecnologías hacen que sea complicado una fijación de precios masiva sin acudir al sistema de oferta y demanda, y fijación donde se crucen ambas. Relativo a nuestro mercado, habría que fomentar las subastas a largo y los PPA, reduciría la exposición al pool, pero los tímidos intentos iniciados en 2021 aún no se han materializado y carecen de ambición.

Aquellos que critican las renovables y a la vez se quejan de la dependencia externa son claramente posturas irreconciliables. España no dispone de fuentes autónomas de producción, más que el sol, el viento y el agua. Bendita condena. Por no introducir la cuestión de que la reducción de las emisiones de CO2 no es una cuestión voluntaria, o mejor dicho voluntarista, es una necesidad dimanante de compromisos firmados por España y la mayor parte de comunidad internacional, además de con las generaciones futuras y la conciencia.

El momento actual requiere de medidas cortoplacistas y extraordinarias. Entre ellas, limitar el precio de la energía no generada por gas, arbitrando las soluciones precisas para que esa política no perjudique a los generadores y tenedores de contratos de venta a largo plazo. El precio, además, debiera ser lo suficientemente alto como para no suponer un desincentivo a la implantación de las energías renovables. El límite podría fijarse en los niveles anunciados por los Gobiernos español y portugués en el entorno de 180 euros.

Respecto al gas natural en España, no representa en porcentaje de la producción eléctrica una porción mayoritaria. Ya no. Es verdad que tampoco es marginal y supone en el entorno del 20% (17,1% de ciclo combinado más las cogeneraciones). El otro 80% es nuclear o renovable. Por tanto, ya estamos notando ventajas, aunque algunas no se perciban. Efectivamente el precio de la electricidad está disparado por ser el último precio el que marca el coste, pero a nivel país el monto de las importaciones de energía son sensiblemente inferiores que si siguiéramos dependiendo masivamente del gas. Más aún, si tuviéramos más renovables, habría horas donde el gas no sería necesario y el precio resultaría sensiblemente más bajo. Por eso la solución justamente es crear las condiciones para que estas sean suficientes.

El gran problema de las energías renovables es su disponibilidad. El sistema no puede pivotar exclusivamente sobre ellas hasta que no consigamos una forma eficiente de almacenar la energía para su consumo posterior. Las baterías se están desarrollando y su coste reduciendo sensiblemente, pero quedan algunos años hasta que sean económicamente viables. Por eso la actuación pública debe ir encaminada precisamente a facilitar soluciones a ese problema. La más obvia, aprovechar que se va a interconectar la red de gas peninsular con la europea y hacer lo propio con la electricidad (acabando con la llamada isla energética). Siendo realistas, la manera más económica, sencilla, eficiente y rápida es que España cambie renovable a Francia por nuclear y esta nos aporte la estabilidad que no obtengamos del sistema propio.

A medio plazo, el fomento del almacenamiento hidráulico y la sustitución de los vehículos de combustión por los eléctricos. Ya existen planes europeos para reutilizar presas para el bombeo hidráulico, forma relativamente eficiente y sostenible de almacenaje. Por su parte, los vehículos eléctricos en la práctica son baterías que se autofinancian sin añadir costes al sistema y que aumentarían nuestra independencia futura de vaivenes del precio de materias primas ajenas aumentando la competitividad española. Con resultados a más largo plazo, el fomento de las tecnologías de baterías que permitan el almacenaje directo de la energía.

En conclusión, ahora es el momento de la renovables, que además de solucionar el problema de dependencia pueden contribuir a paliar y evitar futuras crisis del transporte como la que vivimos en una relación simbiótica entre preservación medioambiental, economía y desarrollo económico.

Jaime Ventura es Socio fundador de Austral Venture Gestión