La gestión responsable y basada en valores cotiza al alza

La etapa de las juntas de accionistas placenteras y con respaldos unánimes a la gestión ha pasado a la historia para la inmensa mayoría de las empresas cotizadas. La vigilancia que ejercen los accionistas sobre las actitudes de los gestores provoca un exhaustivo examen de cada elemento de la actividad empresarial, provoca cambios y correcciones de un ejercicio para otro y mejora notablemente la percepción de la empresa que tienen tanto proveedores como clientes o accionistas. De hecho, ajustar la gestión a criterios éticos, inclusivos y de cuidado con el medio ambiente aporta un activo tangible que tiene un reflejo cada vez más explícito en las cotizaciones.

En el parqué español hay unas cuantas empresas que han encontrado resistencia de los accionistas a determinados elementos de los gestores, aunque sea con porcentajes limitados de la masa de capital. Pero han sido en muchos casos suficientes como para ser considerados como preocupantes toques de atención que han corregido el tiro en los comportamientos ulteriores. Las políticas retributivas, la condición de independientes reales de al menos la mitad de los miembros del consejo, la separación de la presidencia y del consejero delegado que tutela la gestión, el equilibrio de género en la composición del consejo y el respeto a los criterios medioambientales y de sostenibilidad son los elementos cada vez más valorados por los accionistas, y que en muchas empresas aportan un plus de calidad en la financiación, como se está observando ya con las emisiones de deuda corporativa.

La creciente penetración de la cultura financiera anglosajona en el mercado español, con la presencia de fondos activistas en el accionariado de empresas cotizadas, así como con la sindicación de actitudes por parte de los proxy advisors y los proxy solicitors, ha mejorado notablemente la gestión; ello ha llevado a eliminar cada año las aristas más censuradas, y a proporcionar una imagen pública más valorada por la sociedad, y a disponer de un reflejo en la valoración financiera de las compañías en los mercados cotizados.

Aunque el crecimiento del negocio y el reparto de sus beneficios siga siendo una de las claves que movilizan a los accionistas para elegir a una empresa y rechazar a otra, ganan adeptos las que tienen gestión anclada en valores responsables de manera creciente, entre otras cuestiones porque empiezan a ser calibrados para determinar incluso los ratings financieros. Una tendencia que acaba de abrirse camino, pero que será mucho más determinante en el futuro en todos los sectores de actividad y en todos los mercados de valores, porque la vigilancia de los inversores institucionales se filtra rápidamente a los particulares.