Enterramos energía barata y compramos energía muy cara

En buena parte de Europa, la calefacción en los hogares proviene de la valorización energética de residuos urbanos no reciclables

Nos encontramos en un momento de gran emergencia. Es necesario dejar atrás la época en que las opiniones y prejuicios retrasaban las decisiones basadas en datos y ciencia, especialmente en todo lo relativo a energía, recursos y medio ambiente.

En el este de Europa, Alemania o países nórdicos, se está debatiendo acerca de la ética de seguir comprando gas a Rusia financiando su guerra, u optar por cortar el suministro y provocar una enorme crisis en la propia industria. Y sí, hablo fundamentalmente de la industria, ya que, en la mayoría de las ciudades de esta zona de Europa, el suministro de calefacción a los ciudadanos se realiza a través de redes de distrito, que son tuberías que distribuyen el calor a los radiadores de los hogares (de la misma manera que los cables distribuyen la electricidad). Este calor, desde hace muchos años y en su mayoría, proviene de una fuente autóctona, fiable y neutra en carbono que es la valorización energética de los residuos urbanos que no se pueden reciclar, es decir, transforman su basura en electricidad, vapor o agua caliente para uso domestico o industrial.

La energía generada en Europa a través del tratamiento de los residuos no reciclables representa unos 40.000 gwh de electricidad que aprovechan 18 millones de ciudadanos, y que al precio actual de la energía supone un ahorro de unos 13.000 millones de euros. Además, 15 millones de habitantes reciben calor en sus hogares gracias a los 90.000 gwh generados con el tratamiento de estos residuos, sin tener que depender del precio del gas o el barril de petróleo. En este momento viene a colación citar las palabras de Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en la presentación del Perte de economía circular. Durante la misma, afirmó que “una economía eficiente en el uso de recursos fortalece nuestra autonomía estratégica y reduce la vulnerabilidad ante las crisis globales”.

Dicho esto, en España nos encontramos en la posición de cola en cuanto al tratamiento de residuos. No hemos cumplido el objetivo de reciclaje del 50% en 2020, lo cual nos merma en competitividad y nos obliga a comprar fuera materias primas, en lugar de reutilizar los recursos ya existentes. Somos de lejos el país de la UE que más residuos destina a enterramiento en vertedero, cada año más de 11,8 millones de toneladas. El vertido, además de ser la peor opción de gestión de residuos desde un punto de vista ambiental por la contaminación de suelo, o climático por la emisión de metano y siloxanos de los vertederos, implica enterrar millones de kwh de energía barata, autóctona, fiable y neutra y, a cambio, comprar energía a precios muy elevados, externa y fósil.

En Europa se sorprenden del reducido número de plantas de valorización energética que hay en España y del gran desconocimiento de esta alternativa tanto a nivel social como político. Se llevan a los vertederos un 53,4% de los residuos, sin plantear ninguna alternativa o solución al respecto. Nos encontramos ante una realidad muy alejada de los países más avanzados de la UE en materia medioambiental.

¿En qué podría ayudar la valorización energética? Suponiendo que todos esos residuos que van ahora a los vertederos en nuestro país se enviaran a estas instalaciones (11 en total), el potencial de energía producido sería el equivalente a las necesidades de 2,25 millones de hogares o al consumo de 5,5 millones de personas.

La valorización energética de los residuos que enterramos no va a solucionar por sí sola la crisis energética española, pero es una palanca más a activar. Su valor añadido nos permitiría sustituir 7.800 gwh de electricidad producidos por otras fuentes de energía cada año y, por tanto, supondría un ahorro de 1.560 millones de euros directos de coste a las familias y empresas españolas, considerando el precio medio de la energía en el mercado mayorista durante el pasado mes de febrero. A su vez, nos permitiría reducir nuestra huellas ambiental y ecológica. La situación general obliga a terminar los debates no productivos, a tomar las mejores decisiones posibles, y a tomarlas ya.

Rafael Guinea es Presidente de Aeversu (Asociación de Empresas de Valorización Energética de Residuos Urbanos)