La guerra pone en revisión el universo de la inversión sostenible

Dos de cada tres euros de cuantos en 2021 entraron en los fondos de inversión lo hicieron en aquellos que ofrecían un port­folio inversor con un sello explícito de sostenibilidad, ya fuese por la excelencia en la gobernanza de sus empresas, por el sesgo hacia la generación energética verde o por cumplir unos cuantos de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por Nacional Unidas. Los viejos nichos de los inversores, como la energía fósil, la de origen nuclear o las empresas dedicadas al armamento, habían sido desplazados de forma casi definitiva, en paralelo a los esfuerzos de las propias empresas industriales en transformar su actividad en lo más parecido a un negocio sostenible medioambientalmente. Pero el acontecimiento bélico de la invasión rusa de Ucrania ha puesto en revisión el concepto de inversión sostenible y responsable, porque algunas de las actividades que ha reactivado se antojan también sostenibles y responsables para mantener la forma de vida libre y democrática de Occidente.

Los masivos desplazamientos de masas de civiles que ha desatado la guerra generan una necesidad de reforzar los servicios públicos, la construcción residencial y la asistencia sanitaria y educativa en toda la Europa que tiene que acoger a los ucranianos. Y la necesidad de defensa ante una agresión extranjera como la rusa refuerza el papel necesario del envío de armas a Ucrania, aunque simplemente sea para ejercer la legítima defensa. Se trata solo de dos explícitos ejemplos de que el universo de la inversión responsable tiene que ampliarse para atender las necesidades nuevas, que habían pasado a un segundo plano desde la Segunda Guerra Mundial, pero que ahora se revelan como imprescindibles.

Eso no quiere decir que los criterios considerados válidos hasta ahora no sigan siéndolo, porque innegable es que la apuesta por las energías verdes, por la lucha contra la pobreza, contra la desigualdad de renta, de oportunidades o de género, y en favor de la mejor gobernanza corporativa, mantendrá su elevada calificación como inversión sostenible. Pero deberá compartir los recursos del mercado con esas actividades que acaparan ahora y por una temporada muy larga la atención de los inversores tanto por necesidad como por decisiones políticas.

La rentabilidad que reporte este tipo de inversión la determinará el tiempo en función de la evolución de la geopolítica, y la elección de las compañías debe dejarse en manos de los profesionales, especialmente de los gestores de fondos, que además de monitorizar bien las empresas, conocen anticipadamente las tendencias y pueden ejecutar la rotación de las carteras con antelación suficiente para aprovechar los vientos favorables.