Los impuestos extraordinarios a las eléctricas son liosos, injustos... y vitales

Gravar las ganancias ‘caídas del cielo’ no es fácil, pero el enfado de los ciudadanos puede hacerlo inevitable

Quemador de gas en una casa de Bad Honnef (Alemania).
Quemador de gas en una casa de Bad Honnef (Alemania). reuters

Los impuestos sobre las ganancias caídas del cielo suenan sencillos. La épica subida de los precios de la electricidad en Europa supone una bonanza para las empresas que venden energía. Sin embargo, gravar esa ganancia para ayudar a los ciudadanos que se enfrentan a una factura en alza, como sugiere la Comisión Europea, es más difícil de lo que parece.

 

Hasta hace un año, los contratos para suministrar electricidad a Alemania, Francia e Italia en el plazo de un año llevaban mucho tiempo fluctuando en torno a los 50 euros por megavatio hora (MWh). Desde entonces han superado con frecuencia los 150 euros por MWh, y en diciembre saltaron por encima de los 300 euros por MWh. Dado que la UE y Reino Unido generaron 3.100 teravatios hora (TWh) de electricidad el año pasado, los ingresos anuales teóricos de un impuesto sobre las ganancias inesperadas de, digamos, 100 euros por MWh superarían los 300.000 millones de euros.

Eso exagera los posibles beneficios imponibles de las empresas. Unos 630 TWh de esa capacidad de generación, según RBC Capital Markets, son de renovable, en la que las subvenciones suelen fijar los precios que las empresas pueden cobrar a niveles muy inferiores a los actuales, que están inflados. Otros 650 TWh son electricidad generada por gas, que las empresas pueden importar o comprar en los mercados mayoristas, lo que significa que tienen costes igualmente inflados.

Todavía quedan 1.800 TWh de carbón, nuclear y otros tipos de energía, en los que los productores probablemente tengan mayores ganancias. Una tasa de 100 euros por MWh en esos sectores recaudaría 180.000 millones de euros, no muy lejos de los 200.000 millones que Bruselas calcula que podría generar un impuesto comunitario sobre las ganancias inesperadas.

Pero ni siquiera eso es definitivo. Muchas empresas de utilities se protegen contra un desplome de los precios de la electricidad vendiendo su energía a un precio fijo en el futuro. Las que lo hicieron el año pasado, cuando las tarifas a plazo eran más bajas, tendrán menos beneficios este año para tributar.

Por lo tanto, no está garantizado que un impuesto sobre las ganancias inesperadas recaude cientos de miles de millones de euros este año. El jefe de Enel, Francesco Starace, afirma que la parte de su grupo del gravamen del 10% propuesto por Italia sobre el exceso de beneficios solo recaudaría 10 millones. Los Gobiernos podrían aumentar la recaudación imponiendo gravámenes muy elevados o gravando los ingresos de las empresas, en lugar de los beneficios. Pero eso podría desalentar la inversión en energías renovables.

Bruselas no debería rendirse. Los precios de los contratos de electricidad que se entregarán en los próximos años siguen estando muy por encima de los niveles anteriores a la crisis, por lo que los actores que se cubren ahora encaran mayores ganancias inesperadas en 2023. Lo mismo ocurre con el creciente número de proyectos renovables que no están sujetos a las antiguas subvenciones. Y lo que es más importante, el enfado de los ciudadanos por el aumento desmesurado de las facturas puede parecer pronto más problemático que el riesgo de que algunas empresas de utilities reciban un trato injusto.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías