La crisis de los fertilizantes rusos cultiva un mundo de sufrimiento

Las semillas del problema se sembraron antes de la guerra, al reducirse la producción por la subida de los costes

Plantación de arroz en Cojedes (Venezuela).
Plantación de arroz en Cojedes (Venezuela). reuters

El rendimiento de los cultivos podría reducirse a la mitad sin él. El fertilizante es un producto omnipresente que sustenta la seguridad alimentaria. La invasión de Ucrania pone eso en peligro. El país es uno de los principales exportadores de amoníaco, potasa, urea y fosfatos, y en algunos casos representa un quinto del mercado. Las sanciones occidentales impuestas a todos los sectores, desde la banca hasta los magnates de la agricultura, incluido Andrey Guryev, que hasta el jueves era el jefe de Phos­Agro, el mayor productor europeo de fertilizantes a base de fosfatos, están dificultando la venta de los nutrientes para los cultivos. La incertidumbre sobre las exportaciones que Moscú parará como represalia se suma a la dificultad de compra. La presión resultante, tanto en el precio como en la oferta, está creando un mundo de sufrimiento.

Las semillas de la crisis se sembraron antes de la guerra. A nivel mundial, los fabricantes de urea redujeron la producción a finales de 2021, al dispararse los costes de su principal insumo, el gas natural. Los precios de los futuros de la urea en Egipto se han disparado un 90%, hasta los 1.138 dólares por tonelada, desde que comenzó la invasión.

China también redujo las exportaciones de nutrientes para los cultivos en 2021 en respuesta a los altos precios de los cereales. Es probable que el crecimiento medio de la demanda de urea fuera del país supere la producción prevista, señaló en enero el productor noruego Yara, que el miércoles anunció sus planes de recortar la producción. El productor canadiense de potasa Nutrien ha dicho a los inversores este mes que solo abrirá nuevas minas si está seguro de que los suministros rusos estarán fuera de servicio durante un período prolongado.

Aislar a Rusia tendrá feas consecuencias. Los principales importadores de fertilizantes, India y Brasil, estaban ansiosos por asegurarse el suministro a largo plazo del país mucho antes de esta crisis. Con la subida de precios, Nueva Delhi tendrá que gastar aún más en subvenciones a los nutrientes en un país en el que la agricultura emplea a más de la mitad de la población activa: su factura prevista de 18.400 millones de dólares para el año hasta marzo ya ha subido un 76% respecto a las estimaciones anteriores. Si, por el contrario, opta por no pagar la subvención que se adeuda a los productores, ello obstaculizará el objetivo a largo plazo del Gobierno de aumentar la producción nacional.

Los compradores más pequeños y económicamente más débiles, con menos poder de negociación para asegurar el suministro en un mercado restringido, se verán perjudicados. Los productores tailandeses advierten de que podrían tener que cerrar sus negocios si el Gobierno mantiene fijos los precios de los fertilizantes. En Sri Lanka, la drástica caída de los rendimientos de las cosechas ya ha llevado al Gobierno a anular la prohibición de los fertilizantes que impuso en 2021 como parte de un intento de ahorrar reservas de divisas. El aumento de los precios impedirá ahora cualquier recuperación, suponiendo que puedan conseguir los suministros. Los agricultores de los países pobres ya han protestado por el precio y la disponibilidad de los fertilizantes. Un recorte de los precios en Rusia podría fomentar un amplio descontento.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías