Venezuela da a Estados Unidos una lección de ‘realpolitik’

Sustituir el petróleo ruso con el de Caracas sería el mal menor; Arabia Saudí acabará cogiendo el teléfono a Biden

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. reuters

La invasión rusa de Ucrania está obligando a los líderes occidentales a tomar algunas decisiones difíciles. Ahora que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha prohibido las importaciones de petróleo ruso, uno de sus problemas es cómo sustituirlo. Una posible fuente es Venezuela. Pero el régimen del presidente Nicolás Maduro está sometido a sanciones estadounidenses desde 2017. Suavizarlas equivaldría a aceptar el mal menor, con los venezolanos como peones.

Funcionarios estadounidenses visitaron Caracas el pasado fin de semana, el primer encuentro de este tipo en años, y hablaron de relajar las sanciones relacionadas con el petróleo. Petróleos de Venezuela (PDVSA), el gigante energético controlado por el Estado, tiene las mayores reservas de crudo del mundo. Aunque la producción de PDVSA ha disminuido, podría reemplazar fácilmente los 245 millones de barriles de crudo y productos relacionados que Estados Unidos obtuvo de Rusia en 2021. Eso representó el 8% del total de las importaciones estadounidenses, según datos de la Administración de Información Energética.

Las conversaciones no avanzaron mucho. Sin embargo, en un indicio de descongelación de las relaciones, la Casa Blanca dijo el martes que dos estadounidenses que habían sido detenidos en Venezuela estaban regresando a Estados Unidos. Pero la idea de tratar con Maduro está cargada de tensiones políticas y morales, además de la ironía de que las importaciones estadounidenses de crudo ruso sustituyeron en gran medida a las procedentes de Venezuela hasta que entraron en vigor las sanciones.

Maduro, un socialista que sucedió a Hugo Chávez, ha presidido la evaporación de tres cuartas partes de la producción económica de Venezuela desde 2014, así como el éxodo de casi una quinta parte de la población, que ahora asciende a casi 30 millones. Estados Unidos reconoce al líder opositor Juan Guaidó, y no a Maduro, como presidente legítimo de Venezuela. Y el senador estadounidense Bob Menéndez, del Partido Demócrata y presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo el lunes que la compra de petróleo venezolano podría perpetuar la crisis humanitaria en ese país. “No deberíamos insuflar nueva vida al reino de tortura y asesinato [de Maduro]”, dijo Menéndez en un comunicado.

La sustitución del petróleo ruso es, sin embargo, vital para limitar el aumento de los precios de la gasolina en Estados Unidos, otra preocupación política de Biden. Las alternativas a Venezuela incluyen Irán, que está sometido a sanciones internacionales por sus ambiciones nucleares y, por tanto, suscita preocupaciones similares. La opción más fácil podría ser Arabia Saudí, si el reino se presta a ello. En cualquier caso, el imperativo de enfrentarse al presidente ruso Vladímir Putin está resultando una lección de realpolitik.

Riad

El príncipe heredero Mohamed Bin Salmán (MbS) no atiende las llamadas de Biden. El líder de facto saudí ha ignorado las súplicas del de EE UU para bombear más petróleo. Es poco probable que eso dure.

Arabia Saudí, como el resto de la OPEP y otros países como Rusia, ha reducido su producción desde la pandemia. Tiene margen para producir 12,2 millones de barriles diarios, frente a los 9,1 millones actuales, según la AIE. Si añadimos a Emiratos Árabes Unidos, la capacidad sobrante para cubrir los 4 millones que importaba EE UU de Rusia es teóricamente de más de 3 millones. La idea de que EAU podría bombear más hizo que los precios bajaran un 13% el miércoles.

MbS tiene incentivos para mantener a Biden en espera. Hace menos de un año que este lo culpó en público del asesinato de Jamal Khashoggi y priorizó la comunicación con su padre, el rey Salmán. El presupuesto saudí llega al equilibrio con los precios del crudo en 67 dólares, según S&P Global, por lo que el repunte aporta un gran impulso fiscal. El petróleo caro también ha impulsado a Saudi Aramco en Bolsa por encima de los 2 billones de dólares, alimentando la especulación de que podría vender acciones a una mejor valoración que su decepcionante OPV de 2019.

Aun así, el apalancamiento de MbS tiene límites. Sus objetivos de diversificar la economía dependen de la entrada de capital y mano de obra occidentales. Los ejecutivos de su proyectada megaciudad Neom se reunirán con banqueros e inversores en Nueva York en abril, según Bloomberg. MbS podría decidir distanciarse de EE UU, seguir neutral sobre Rusia y acercarse a China. Pero es más probable que dé una lección a Biden... antes de bombear más crudo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías