Bruselas debe garantizar la competencia en las telecos, no ahogarla

El anuncio de las negociaciones para una posible fusión entre Orange y MásMóvil en España apunta a la creación de una joint venture controlada por ambas compañías al 50%, cuya valoración estaría en torno a 19.600 millones de euros y que se convertiría en el segundo operador español, por detrás de Telefónica. Un movimiento de concentración entre dos compañías razonablemente saneadas y valoradas por el mercado que reduciría el número de telecos en España de cuatro a tres, pero que no debería provocar excesivos problemas de competencia en un sector en el que actualmente prestan también servicios los operadores digitales.

El mercado recibió ayer con lógica satisfacción el anuncio de lo que podría ser la operación corporativa más grande registrada en el mercado español en las últimas décadas, en un momento en el que el sector de las telecomunicaciones afronta problemas de rentabilidad. La entidad resultante de esta unión se convertiría en un potente competidor, con unos ingresos de alrededor de 7.500 millones de euros y unas sinergias que podrían alcanzar los 450 millones de euros a partir del tercer año de la operación. A ello hay que sumar la ventaja de que contaría con importantes activos de redes de fibra óptica, lo que le otorgaría una diferenciación competitiva en un sector en el que los datos se han convertido en el eje fundamental del negocio.

Aunque se espera que la transacción sea firmada durante el segundo trimestre de este año y esté concluída a mediados de 2023, esta deberá pasar antes por el preceptivo filtro de las autoridades europeas de competencia, que no se han caracterizado en los últimos años por facilitar las operaciones de concentración empresarial en el sector, con polémicas decisiones como el veto que impusieron en su día al intento de fusión de O2-UK con 3-Hutchinson, anulado posteriormente por la jurisprudencia europea, recurrido y pendiente actualmente del fallo final.

El rigor de Bruselas ha sido uno de los factores que explican la pérdida de liderazgo del sector europeo de telecomunicaciones frente al estadounidense o al chino. En su afán por proteger la libre competencia hasta extremos jurídicamente discutibles, Europa parece haber decidido ignorar que el mercado de las telecomunicaciones ha crecido y se ha globalizado a una velocidad de vértigo. La necesidad de los operadores de mejorar su rentabilidad constituye además un elemento clave no solo para la valoración bursátil de las compañías, sino para permitirles acometer grandes inversiones en nuevas infraestructuras, como la fibra óptica o el 5G. Un esfuerzo que, no debe olvidarse, ha beneficiado al conjunto de la economía europea.