Alemania está convirtiendo las excepciones fiscales en la norma

Berlín aumentará el gasto en defensa al 2% del PIB en lo que parece otra forma de eludir sus límites presupuestarios

Olaf Scholz, canciller alemán.
Olaf Scholz, canciller alemán.

Alemania se está habituando a romper con sus tabúes. El compromiso del canciller Olaf Scholz de gastar al menos el 2% del PIB en defensa y de invertir 100.000 millones de euros en el Ejército es solo el último ejemplo de la manera en que Berlín encuentra vías para eludir las normas presupuestarias que se impuso a sí misma. Eliminarlas sería más sencillo.

El compromiso de Scholz marca un cambio histórico en la política de un país cuyo gasto en sus fuerzas armadas se había quedado por debajo del objetivo del 2% del PIB fijado por la OTAN. El simbolismo es mayor que el cambio inmediato en los planes de gasto. Dado que Alemania gastó el 1,4% de su producto económico en defensa en 2019, el último año anterior a la pandemia, aumentarlo hasta el 2% implica unos 20.000 millones de euros de desembolsos adicionales en 2022. Por otro lado, los 100.000 millones de euros probablemente tengan que venir de un nuevo fondo fuera de balance, con el endeudamiento y el gasto produciéndose paulatinamente en el tiempo.

De este modo, Alemania habrá ingeniado una nueva forma de sortear su norma presupuestaria, que limita el endeudamiento al 0,35% del PIB y es más estricta que las normas de la Unión Europea. Scholz también está recurriendo a estructuras fuera de balance para financiar las inversiones en tecnologías verdes y digitales, acordadas el año pasado como parte de su programa de gobierno de coalición. Y como ministro de Finanzas en 2020, suspendió los límites de endeudamiento y aprobó una ley de estímulo enorme para paliar los efectos de los confinamientos por Covid-19. Sobran motivos para seguir encontrando formas de eludir las normas. La beligerancia del presidente ruso Vladimir Putin hace insostenible la dependencia del gas ruso por parte de Europa y Alemania. Encontrar fuentes de energía alternativas y al mismo tiempo hacer más verde la economía será costoso. Lo mismo puede decirse de salvaguardar el acceso de Europa a los semiconductores y a otros componentes críticos que se han visto atrapados en los recientes problemas de la cadena de suministro. Las fábricas de chips y de baterías para vehículos eléctricos no resultan baratas.

Teniendo en cuenta estas enormes necesidades de inversión, sería más fácil deshacerse de los límites de gasto innecesariamente estrictos. Para ello se necesita el apoyo de los democristianos de la oposición (CDU), que se resistirán. Pero, como dijo el año pasado un alto asesor de la predecesora democristiana de Scholz, Angela Merkel, las constantes desviaciones amenazan con socavar la norma igualmente. Scholz está haciendo de las excepciones fiscales la nueva regla. Ya puestos, podría formalizarse en una ley.