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Minusvalías latentes

Los bonos soberanos a 50 años vendidos en 2021 pierden más del 24%

La rentabilidad la deuda española sube al 2,3%

Bonos 50 años
Infografía: Belén Trincado

Con la inflación de la eurozona revalidando récords y la de EE UU en máximos de 40 años, los inversores se preparan para la normalización monetaria, una idea que se ha visto reforzada con la subida de las materias primas y la mayor contundencia que muestran la Reserva Federal y el BCE con la estabilidad de los precios. Ni siquiera la inestabilidad geopolítica ha sido suficiente para que las rentabilidades de la deuda hagan un alto en su escalada.

Mientras los rendimientos repuntan, el precio, que evoluciona inversamente proporcional, cae. Este movimiento se ha visto reforzado además por la estrategia de apostar por duraciones cortas como blindaje ante la expectativa de tipos más altos. En este contexto, los bonos a largo plazo son los activos más perjudicados.

Un buen ejemplo de esta corriente es el bono a 50 años que colocó España en febrero de 2021, la segunda operación a este plazo desde su debut en 2016. Desde su puesta en circulación esta referencia acumula unas pérdidas del 24,2% mientras la rentabilidad pasa del 1,45%, mínimo histórico para este plazo, al 2,26% actual. Aunque los organismos internacionales como la OCDE o la Comisión Europa siguen viendo a la española como una de las economías que más tardará en recuperar los niveles precovid, en esta ocasión el castigo que sufre la deuda no se debe a cuestiones relacionadas con los fundamentales y la sostenibilidad de las finanzas. Las pérdidas están siendo una tendencia generalizada en la eurozona, acentuada por la retirada de los estímulos monetarios. Aunque la liquidez sigue siendo elevada, la reducción de las compras de deuda y la expectativa de que a finales de año Christine Lagarde acabe con cinco ejercicios consecutivos de tipos cero han llevado a los inversores a deshacer sus posiciones en renta fija y con mayor incidencia en las referencias a más largo plazo.

Además de España, el año pasado Francia, Italia y Bélgica aprovecharon los bajos precios para diversificar sus emisiones y colocar 17.000 millones en deuda a 50 años, un plazo que contó con el interés tanto de emisores como de compradores. Los primeros veían en estas referencias una manera de alargar la vida media de deuda y prepararse ante la subida de tipos, mientras los segundos lograban unas rentabilidades más jugosas en un momento en el que el volumen de deuda con tasas negativas marcaba récord.

Al igual que la española estas referencias no han permanecido ajenas a las pérdidas ante el alza de los rendimientos. Desde su puesta en circulación el bono a 50 años con el que Francia captó 7.000 millones acumula una depreciación superior al 29,5% mientras su rentabilidad pasa del 0,5% al 1,38%. Por su parte, la referencia italiana cae un 15,2%, lejos de las ganancias del 5% que llegó a acumular en el primer semestre del pasado ejercicio, un periodo durante el cual los activos italianos se vieron impulsados por el desembarco de Mario Draghi al frente del Ejecutivo. La designación del salvador del euro como primer ministro ayudó a devolver algo de estabilidad a la política italiana en un momento clave para la recepción de los fondos de reconstrucción Next Generation. Ahora su continuidad al frente del Gobierno es fundamental para seguir avanzando en las reformas y medidas necesarias para implementar la llegada del dinero.

Desde su puesta en circulación, la referencia belga a 50 años emitida hace 12 meses no logró en ningún momento registrar ganancias. No obstante, las pérdidas iniciales distan mucho del 25,8% que se anota en la actualidad.

Aunque los inversores han empezado a poner en precio una normalización agresiva de la política monetaria, los expertos señalan que los bancos centrales serán muy prudentes para evitar un deterioro de la economía. Gonzalo Sánchez, director de inversiones de Gesconsult, apunta que el alza de los precios obedece más a problemas relacionados con la oferta más que a cuestiones propias de la demanda. En este escenario los bancos centrales tienen poco margen de actuación.

La deuda verde no escapa al rojo

Debut. El pasado ejercicio España e Italia realizaron las primeras emisiones de deuda verde, dos operaciones con las que captaron 13.500 millones a 20 y 24 años respectivamente. El blindaje que otorga la etiqueta verde y la buena acogida que tuvieron entre los inversores (la demanda conjunta superó los 140.000 millones) no ha bastado para escapar a las pérdidas. Desde su puesta en circulación la referencia española acumula una pérdida del 11,2%, descenso que en el caso de Italia alcanza el 14,5%.

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Sobre la firma

Gema Escribano
Periodista económica, con 13 años de experiencia como redactora. Formó parte de la web de Cinco Días desde 2010 hasta 2017 cuando pasó a integrar la sección de Mercados. Especializada en información bursátil y mercado de deuda. Estudió periodismo en Universidad Carlos III.

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