Tomarle el pulso al mercado de las criptodivisas

España es el país europeo con mayor adopción de monedas digitales, aunque siguen siendo percibidas como una burbuja

Indiscutiblemente estamos viviendo un momento de ebullición en el sector de las criptomonedas, a pesar de su fuerte volatilidad en el mercado. Desde el comienzo de la pandemia, las criptomonedas (basadas en la tecnología blockchain) han generado mayor interés y según datos de mercado, en España más de 4,4 millones de personas operan con criptodivisas.

A nivel global, según Statista, los países con el mayor uso de criptomonedas per cápita no fueron potencias como China y EEUU. Nigeria se ubica como el mercado más activo para las criptomonedas, con un 32% de la población que dice que posee o usa criptomonedas, y le siguen Tailandia, Filipinas, Vietnam y América Latina.

El creciente interés de personas y empresas inmersas en la nueva criptoeconomía se refleja en que en el 2021 hayamos asisitido a la adopción más grande jamás vista en un mercado no solo financiero, sino tecnológico y técnico, donde el bitcoin llegó a su máximo histórico superando la barrera de los 66.000 dólares. Esta tendencia disruptiva ha hecho que muchos países hayan tenido que agilizar sus planes de regulación y comenzar a acotar una legislación para adaptarse a esta nueva realidad económica en la que prime el inversor.

Es el caso de España, donde el Banco de España ha comenzado a regular las empresas dedicadas al cambio de moneda fiduciaria a criptomonedas y viceversa, a través un registro oficial. La CNMV también empieza a normativizar la publicidad de criptoactivos con foco en las campañas masivas y su obligación de alertar del riesgo y la Agencia Tributaria ha anunciado que “trabaja en fomentar el cumplimiento voluntario de las obligaciones tributaria asociadas a estas compraventas remitiendo avisos a los contribuyentes con obligación de declararlas.” Todas estas iniciativas que positivamente regulan el sector también son medidas de mayor de control de un mercado que no hace más que generar nuevos adeptos cada día.

A día de hoy España es el país europeo de mayor adopción de criptomonedas (12%). Aunque siguen siendo percibidas como una burbuja o una especie de mecanismo especulativo, si miramos a su crecimiento, desarrollo, adopción, emprendimientos del sector, nuevos puestos de trabajo generados, y todas las nuevas oportunidades de negocio del metaverso, donde la parte técnica se fusiona con financiera en un entorno futurista e icónico, podríamos visualizar esta nueva criptoeconomía como una nueva forma de vida.

Empresas con Facebook o Google están inmersos dentro de esta nueva ola tecnológica, ante la que quien entiende el potencial no solo no se queda indiferente, sino que quiere hacerse participe en este nuevo mundo digital que está respaldado por la criptoeconomía.

No obstante, como otros instrumentos financieros, tiene gran volatibilidad, porque, aunque estén descentralizados, los impactos socio económicos globales pueden afectar el ánimo de los inversores. Las criptodivisas son activos dependientes de la oferta y la demanda y su precio se ve afectado por acontecimientos que afecten el ánimo del inversor. Por ello últimamente se ha hablado mucho de un reciente paralelismo entre las criptomonedas y muchos activos tradicionales, aunque realmente el único paralelismo es el que causa el miedo del inversor tanto de activos mas tradicionales como de las criptomonedas.

Un ejemplo clarísimo puede ser la actual crisis de Rusia y Ucrania. Los temores a una posible invasión de Rusia y las posibles consecuencias económicas impredecibles conlleva que los inversores, tanto minoristas como institucionales, se preparen para modificar sus estrategias buscando inversiones de renta fija y provocando una liquidación generalizada de otros activos de renta variable. Esta misma incertidumbre afecta a quienes invierten en criptomonedas y por tanto también a sus decisiones de buscar opciones más seguras liquidando sus carteras de criptoactivos y consecuentemente provocando una bajada en las mismas.

Las medidas drásticas contra las monedas digitales privadas que están tomando algunos de los bancos centrales también afectan al ánimo del inversor. El año pasado fue China, y ahora el Banco Central de Rusia propone una prohibición total de la minería y el uso de criptomonedas, siguiendo el ejemplo de Pekín y provocando nuevamente miedo e incertidumbre.

Mientras algunos países endurecen y prohíben el uso de las criptomonedas para mantener y ejercer control financiero sobre su población, otros lo regulan favoreciendo una democracia económica y financiera, como es el caso de España, o hasta adoptan las monedas digitales como divisa de curso legal, como ocurre en El Salvador. El debate legislativo de cada país dependerá del control que quieran ejercer sobre su población.

Cada día está más claro, que en un mundo globalizado ningún activo es 100% independiente. Y claramente lo mismo sucede con las criptomonedas. Estamos viviendo una tendencia bajista debido a factores macroeconómicos que amenazan la estabilidad global, pero esto pasará. Volverá la confianza, el apetito voraz de los inversores y los máximos históricos del bitcoin en este 2022, nuevas criptomonedas con proyectos cada día más innovadores, un metaverso cada día más parecido a nuestra realidad y NFT en todos los sectores de la economía subastados a precios inimaginables.

Las criptomonedas han llegado para quedarse y cada día conquistan a un mayor número de inversores minoristas e institucionales que, cansados de un sistema centralizado y controlado por los grandes emporios empresariales y los bancos, han optado por una alternativa económica paralela que cada día está obteniendo una mayor adopción, credibilidad y por lo tanto desarrollo. Las oportunidades son infinitas, tanto en las criptodivisas, en el metaverso o en los NFT.

Sergio Gualix Piris es CEO y fundador de Oubita