Trabajar codo con codo para asegurar el futuro del turismo español

La 42 edición de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) arranca hoy con una nada sorprendente merma de participantes respecto a la edición celebrada en enero de 2020 –6.900 expositores frente a 11.040 de aquellas fechas y 107 países frente a 165, con la ausencia de Francia, Alemania y Reino Unido– aunque con el firme propósito de apostar por la presencialidad y de lanzar el mensaje de que el turismo debe comenzar a convivir con el Covid, sin que ello suponga descuidar las medidas sanitarias. La feria se convertirá durante los próximos días no solo en un lugar excepcional de cita y de negocio para los profesionales de la industria, sino también en el gran escaparate internacional de un sector que ha sido golpeado con dureza extrema por una crisis histórica y que afronta una recuperación compleja y teñida de incertidumbre.

Como explicó ayer en el marco del IX Foro de Exceltur el presidente de Caixabank, José Ignacio Goirigolzarri, las previsiones apuntan a que el turismo mantendrá “la inercia” de la recuperación a lo largo de este año, hasta aportar 2,4 puntos del crecimiento previsto para el conjunto de la economía, es decir un 45% del total. Tanto Goirigolzarri como el presidente de Exceltur, Gabriel Escarrer, y otras voces de la industria, han reclamado al Gobierno un Perte –proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica– para el turismo que incentive la inversión y ejerza de palanca para impulsar y consolidar la recuperación de este mercado, como también una asignación transparente y más equitativa de los fondos europeos.

Aunque las necesidades de liquidez de las empresas se han visto suavizadas por las medidas de apoyo decretadas desde el estallido de la pandemia, como los ERTE y los créditos ICO, las ayudas públicas que ha recibido la industria turística española no son comparables con las que se han aprobado en otros países con un peso del turismo mucho menor, como es el caso de Alemania o Francia, cuyos gobiernos han inyectado dinero abundante para evitar quiebras y realizar rescates. La importancia de esta industria para España y su valor estratégico para el conjunto de la economía son indiscutibles, como también lo es la necesidad de que se aproveche con inteligencia y eficacia suficientes la oportunidad histórica que suponen las ayudas europeas y su potencial para impulsar la actividad y modernizar la industria. Se trata de una tarea en la que deben trabajar codo con codo tanto las empresas como los poderes públicos, y en la que España tiene mucho que ganar, pero también mucho perder si no afronta el proceso con suficiente ambición y con visión de futuro.