Brexit: luces y sombras un año después

El comercio se ha resentido en parte, y ahora volverán los controles fronterizos, pero la inversión bilateral con España se mantiene fuerte

Hace ya justamente un año desde que el Brexit –algo que parecía imposible hace solo cinco años– se hizo efectivo. Doce meses en los que la relación entre el Reino Unido y España se ha transformado. Ha cambiado y nos hemos tenido que adaptar, especialmente las empresas y los ciudadanos. Ya no comerciamos ni viajamos como antes entre ambos países. Es una nueva realidad compleja, desconocida hasta ahora y que generan problemas que tenemos que solucionar definitivamente en este nuevo 2022.

Por un lado, han vuelto a aparecer ciertas sombras, como los costes aduaneros, los trámites burocráticos o las nuevas certificaciones a las que las compañías con intereses cruzados se tuvieron que adaptar deprisa y corriendo a principios de año. No hay separación fácil y esta tampoco lo está siendo.

Las previsiones indicaban que con la salida del Reino Unido de la UE tanto el comercio como la inversión bilateral se podían resentir. Y así ha sido, en parte, en el primer caso, pero no en el segundo. Las luces son que los datos de inversión durante estos primeros meses de nueva relación muestran que, a pesar de las complejidades, las empresas británicas siguen interesadas en poder instalarse en nuestro país, creando así empleo y riqueza. No olvidemos que, hasta julio de este 2021 –que por fin acabamos–, las empresas británicas habían invertido casi 900 millones de euros, lo que indica que la clara apuesta y confianza de las empresas británicas por España sigue siendo importante.

Más luces: a pesar de las nuevas normas para el paso por las fronteras, las exportaciones españolas al Reino Unido aumentaron un 12,2% hasta junio. Algunas sombras: es importante tener en cuenta que las reglas para comercializar con el país británico cambiarán en unos días, el 1 de enero de 2022. Todos los productos deberán tener especificadas las reglas de origen, por lo que es clave que la documentación esté en regla antes de abandonar España.

Además, volverán los controles en las fronteras; los puertos deberán realizar exámenes exhaustivos y, a menos que las mercancías tengan autorización y hayan recibido el visto bueno, no podrán salir de sus instalaciones. Todo ello puede provocar aún más retrasos de los que estamos viendo en las cadenas de suministros, roturas en el stock y falta de provisiones en las cadenas de montaje y abastecimiento de las empresas.

Así que no todo es negativo desde una perspectiva aduanera y de comercio. Es positivo que en el Acuerdo de Comercio y Cooperación firmado a finales de 2020 se estableciera un arancel cero para el tráfico de bienes y productos con origen en la UE o Reino Unido. A la complejidad en la materia arancelaria se le añaden nuevos requerimientos fiscales asociados a la sujeción de los intercambios comerciales en cuanto a IVA. En este caso, son los operadores los que pueden y deben alcanzar el mayor grado de optimización posible, utilizando todas las herramientas legales disponibles. Por ello, nuestra recomendación es clara: adoptar un enfoque proactivo de conocimiento y búsqueda de oportunidades por parte de los operadores, así como de flexibilidad, empatía y colaboración por parte de las administraciones.

Y el ámbito en el que sí ha habido importantes cambios con la nueva relación es en el de la movilidad de personas y la contratación de nativos en el otro país. Desde el mes de noviembre, los ciudadanos deben llevar consigo su pasaporte para poder entrar en el país británico, además de todos los trámites aparejados a la pandemia. Asimismo, las empresas deben obtener autorizaciones y visados para los profesionales altamente cualificados que sean británicos, o europeos en el Reino Unido. Unos plazos que para su resolución en España se pueden alargar hasta los 20 días hábiles. En estas sombras habrá que trabajar y duro en 2022 con los Gobiernos de ambos países.

Por otro lado, el principal reto al que se enfrentan las compañías españolas que quieren contratar británicos es la obtención de la documentación oficial con la legislación aplicable en materia de Seguridad Social, cuya expedición por las autoridades en Reino Unido se dilata varias semanas, incluso meses.

Nuevos procesos burocráticos a los que se enfrentan todas las empresas y que conllevan un coste de tiempo y dinero que puede provocar grandes pérdidas y roturas de stocks, por ejemplo, en supermercados y pequeños comercios. Lo decía antes: todas las separaciones tienen costes económicos para ambas partes. Nadie gana y todos perdemos.

Es imprescindible que el nuevo marco económico entre España y el Reino Unido logre una relación de confianza lo más cercana posible a la existente antes del Brexit: un acuerdo en materia de identificación del operador, homologaciones de registros sanitarios o una mayor agilidad para las autorizaciones en materia de trabajadores.

Pasar a ser vecinos preferenciales y no países terceros debería estar en la mente de los responsables políticos europeos, españoles y británicos. Algo que sabemos de primera mano, ya que ambos Gobiernos, a través de sus equipos diplomáticos, nos lo han confirmado: el diálogo entre la Administración española y la británica es constante y fluido para lograr que las empresas de ambos países no topen con frenos a su crecimiento.

Desde luego, en la mente de las empresas y de los ciudadanos está. El objetivo de todos los agentes (políticos, empresariales y sociales) tiene que ser el mismo: mitigar los efectos de la separación y agilizar todos los procesos burocráticos. Hacer que las sombras se disipen y dejen paso, poco a poco, a las luces al final del túnel...

Luis Pardo Céspedes es presidente de la Cámara de Comercio Británica en España