El plan de apoyo a la lira turca de Erdogan es peligroso

Poner al contribuyente como garante de la moneda amenaza al hasta ahora bajo 40% de deuda pública/PIB

Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.
Tayyip Erdogan, presidente de Turquía. reuters

El presidente turco Tayyip Erdogan está desesperado. El líder autoritario, cuyas posibilidades de reelección se han visto afectadas por la caída de la lira, prometió el lunes proteger a los ahorradores de futuras caídas de la moneda turca. Es una admisión tácita de que el sistema bancario no es inmune a las consecuencias de su visión absurda de que los tipos de interés causan inflación. Pero poner a los contribuyentes como garantes de la lira es buscarse problemas.

El Ministerio de Economía dijo el martes que los bancos podrán ofrecer un nuevo instrumento, que compensará a los titulares de las cuentas la diferencia entre la depreciación de la moneda frente a un tipo de cambio establecido y el rendimiento de sus depósitos. La lira alcanzó un mínimo histórico de 18,4 unidades frente al dólar el lunes, pero se recuperó con fuerza tras las declaraciones de Erdogan.

Lo único positivo es que el presidente turco parece reconocer que el statu quo no es sostenible. En particular, el sistema bancario turco, alabado por su estabilidad, podría verse presionado si los clientes, asustados por la reducción del valor de la lira a casi la mitad en cuestión de meses, vacían sus cuentas y cambian sus ahorros a dólares. La garantía es un intento de romper el vínculo entre los bajos tipos de interés y la depreciación de la moneda, animando al turco medio a respaldar con sus ahorros su compromiso con los tipos bajos.

Ahí acaban los aspectos positivos. Las fuertes oscilaciones de la moneda desde el anuncio no auguran nada bueno para la estabilidad financiera. El mayor peligro es que garantizar el valor de los depósitos en liras expone al garante –en última instancia, el contribuyente, en este caso– a pérdidas potencialmente infinitas si la moneda entra en una espiral inflacionista.

Los intentos de los Gobiernos de intervenir en los mercados de divisas suelen acabar mal. Solo hay que preguntar a los británicos, que intentaron y fracasaron en mantener la libra esterlina dentro del mecanismo europeo en 1992. Más cerca de casa, los depositantes turcos ya sufrieron en el pasado los llamamientos de Erdogan a mantener sus ahorros en liras. Es probable que solo aquellos cautivados por su retórica nacionalista sobre la protección del país frente a los malvados especuladores hagan caso al llamamiento y mantengan el rumbo.

La adición de exposición no cuantificada, pero potencialmente masiva, al balance soberano amenaza el otro pilar restante de la economía: los bajos niveles de deuda pública, de solo el 40% del PIB. Por eso se han disparado los swaps de incumplimiento crediticio de Turquí, reflejando el mayor riesgo de un default de Ankara. El peligroso experimento político de Erdogan está sacudiendo los pocos cimientos económicos que le quedan a Turquía.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías