El refugio de la inversión en los negocios cíclicos y en los defensivos

La economía global se va a mover en unos parámetros para 2022 en los que la pandemia irá cediendo protagonismo a medida que las vacunas avancen para dejar espacio a un crecimiento más sostenido, pero en los que la normalización monetaria para combatir los repuntes de la inflación endurecerá la financiación. Los expertos estiman que en tal escenario se mantendrá el crecimiento de la producción y de los beneficios, pero que las apuestas por la renta variable, que sí dispondrá de una prima sobre los bonos por las subidas de las rentabilidades de la deuda, deberán ser mucho más selectivas que en 2020 y 2021. El efecto exuberante mostrado por las cotizaciones por la salida súbita de la pandemia iniciado en noviembre de 2020 no se mantendrá y los retornos no serán tan abultados, lo que aconseja elegir bien dónde se coloca el dinero, pero con una expectativa de ganancia agregada en las Bolsas frente a los mercados de bonos.

En todo caso, no todas las zonas económico-monetarias del mundo caminarán a la misma velocidad, tal como se observa ya en los ritmos de retorno a la normalidad monetaria o, de otra forma, en la convicción en la necesidad de contener y reducir la inflación. Europa va más lenta, con el ciclo retrasado, lo que supone que el PIB subirá más que en Estados Unidos, aunque las retiradas de los estímulos se retrasarán y las subidas de tipos es muy probable que no aparezcan hasta 2023, si es que aparecen.

Esa es una de las poderosas razones para que importantes casas de análisis y gestores de activos hayan señalado a Europa como el destino con un retorno diferencial en 2022. Es cierto a la vez que en la última aparición pública, el Banco Central Europeo ha empeorado sus previsiones de inflación hasta niveles ciertamente preocupantes, lo que podría precipitar un cambio en el sesgo de su política monetaria y sorprender con alzas de tipos antes de lo estimado. 2023 aparece ya en las estimaciones con una inflación de nuevo por debajo del objetivo de estabilidad de precios, pero la tasa media del año próximo parece poco compatible con tipos cero e inyecciones de dinero en el sistema.

Por tanto, parece acertado hacer una revisión a la baja de las expectativas de rentabilidad de los mercados para 2022, y rotar carteras con un criterio de selección más exigente que en el pasado. Ganan adeptos de esta forma entre los analistas las empresas de negocio cíclico, como la alimentación y la industria en términos generales, sin descartar la banca si una subida del precio del dinero recompone los márgenes. Y en paralelo, mantener las apuestas por la tecnología y algunos sectores defensivos, como la energía o las farmacéuticas, es pertinente.