El comercio minorista no teme a los lineales vacíos pero sí a la inflación

Este año es mejor adelantar las compras de Navidad para evitar pagar más. Los expertos descartan ofertas agresivas para el Black Friday

Los almacenes de tiendas y comercios están llenos con los productos para el Black Friday y la Navidad.
Los almacenes de tiendas y comercios están llenos con los productos para el Black Friday y la Navidad. Getty Images

Se acerca el Black Friday y la Navidad y, con ellos, la mayor época de consumo del año. Hay dinero –por el ahorro derivado de las restricciones sanitarias en estos casi dos años– y ganas de gastar, pero la crisis por los altos precios de la energía y las materias prima y el atasco global del transporte marítimo han hecho saltar las alarmas sobre suministros y stock en los lineales de tiendas y centros comerciales y se señala al retail como el gran perjudicado.

Una exageración, ­según los expertos, que ha crecido como una bola de nieve. Lo que sí puede comprometer la incipiente recuperación del pequeño y mediano comercio es el alza de la inflación (5,5% en octubre).

Desde la Confederación Española de Comercio (CEC) señalan que, pese a “encontrarnos en un contexto en el que existe ahorro acumulado –unos 35.000 millones de euros en activos líquidos de las familias–, la desmesurada subida de precios, alimentada por el incremento de los costes energéticos y el encarecimiento de las materias primas, puede mermar la capacidad de compra de los clientes y afectar directamente al consumo”.

El portavoz de la CEC, Carlos Moreno-Figueroa, apunta que hay que “diferenciar entre consumidores y empresas”. En el caso de las segundas “hay un problema logístico, no de suministros, que ha producido un cuello de botella originado por la renovación de contenedores”.

Tecnología y electrónica pueden verse puntualmente afectadas

Cada año hay que actualizar alrededor del 20% de estos depósitos en el mundo, “el año pasado no se hizo por la pandemia y hay menos contenedores. Si a esto se une el incremento de la demanda creada por las bolsas de consumo derivadas del confinamiento, tenemos la tormenta perfecta: menos vagones y más demanda igual a retrasos en los suministros”, explica Moreno-Figueroa.

Otro dato que sumar a esta tempestad es la megasubida del precio de los contenedores, que se han disparado de una media de entre 1.200 y 1.500 euros hasta 15.000 y 20.000 euros en algunos casos. Además, “los containers que vienen a Europa vuelven de vacío, por lo que las navieras han priorizado zonas como Asia Pacífico o Latinoamérica, más rentables al volver con cargamento”, dice el portavoz de CEC.

“Estos efectos se van a prolongar unos meses, pero su impacto y magnitud no serán tan graves como lo que se está pintando”, apunta Enrique Porta, responsable de consumo y retail de KPMG España. Admite que en determinados productos “puede haber cierta escasez o restricción de la oferta al tiempo que hay un incremento de la demanda, y los costes para tener esas mercancías se incrementan y afectará a disponibilidad y precio”.

Una de las razones que explica el problema es que antes de la crisis de la pandemia “las cadenas de suministro estaban hechas para ser muy eficientes, con muy poco stock intermedio y baratas”, señala Porta. Durante la pandemia se produjo “un gran shock entre oferta y demanda que paralizó durante un año muchas de las decisiones empresariales e incluso se cerraron industrias por el impacto económico. La recuperación y el incremento de la demanda ha pillado desprevenidas a empresas y cadenas logísticas y tienen que readaptarse”, afirma.

Las cifras

20.000 euros es el precio que alcanzan los contenedores de mercancías en los últimos meses por la crisis global del transporte, cuando antes apenas superaban los 1.500.

35.000 millones es la cantidad de activos líquidos que han acumulado las familias
tras casi dos años de contención del gasto
y el consumo por las restricciones del Covid-19.

A priori, la menor capacidad de músculo financiero de las pymes y de almacenamiento serían una amenaza para los estantes del comercio minorista. Nada más lejos de la realidad. “No habrá desabastecimiento ni lineales vacíos. Los pedidos para la campaña de Navidad se hacen con mucha antelación y ya están en los almacenes. La única preocupación para el consumidor será el incremento de precios”, enfatiza Moreno-Figueroa.

Es cierto que habrá ciertos productos más afectados, como “los tecnológicos o electrónicos, juguetes que incorporen estos componentes, o que haya dificultades puntuales en aquellos como vidrios y licores que necesiten un embalaje especial, o en los llamados productos capricho y de moda que se fabriquen en Asia, por ser un mercado muy lejano, pero nada que deba preocuparnos”, asegura Antonio Iglesias, coordinador del máster de Logística de ESIC. Porta recuerda que todos los años hay un producto estrella que se agota, en 2020 fueron las bicicletas.

Para evitar quedarse sin sus compras favoritas, los expertos aconsejan adelantarlas no tanto por el temor –infundado– al desabastecimiento sino por el incremento de precios. “Este año más que nunca hay que comprar con cabeza. Planificar lo que queremos adquirir y preparar listas con productos sustitutivos, buscar proveedores alternativos y no esperar ofertas agresivas”, advierte Begoña Casas, profesora de Economía y Empresas de la Universidad Europea.

Consejos para regalar mejor

Planificar. No se deje llevar por el miedo a la falta de stock y las prisas, haga listas de lo que quiere y otra de productos alternativos a modo de plan B.

Anticiparse. Esté atento a las ofertas y descuentos que los comercios lanzan días antes del Black Friday y las fiestas y, si encuentra lo que busca, reserve o compre directamente.

¿Cuándo comprar? En las tiendas convencionales, mejor entre semana y por la mañana para evitar aglomeraciones; en los comercios online esté atento a las ofertas de madrugada.

Devoluciones. Lea siempre este apartado y el de gastos de envío para evitar sorpresas desagradables.

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