¿Qué impacto tiene la crisis de suministro en las perspectivas monetarias?

Con el recorte de mano de obra y el alza de costes, la inflación puede persistir y la política monetaria endurecerse antes de lo previsto

Desde las retenciones portuarias en la costa oeste de EE UU hasta los cortes de electricidad en China y las compras masivas de gasolina en estado de pánico en Reino Unido, las noticias más recientes indican que la oferta mundial está sufriendo para intentar igualar el rápido crecimiento de la demanda a medida que las economías se reabren y los inventarios continúan agotados. Los cierres de fábricas a raíz del Covid-19 en Asia y la lenta adaptación a la fuerte demanda tecnológica han provocado la escasez de materiales y los largos retrasos en las entregas. Además, como consecuencia de la subida de los precios de las materias primas, los costes de transporte y la escasez de mano de obra, se espera que los problemas en la cadena de suministro sigan afectando a las perspectivas de crecimiento e inflación.

Ante este escenario, las empresas están planeando utilizar cualquier período de baja demanda a corto plazo, ya sea estacional o de otro tipo, para reponer los inventarios en lugar de reducir la producción. Las compañías que han sido capaces de reponer existencias están considerando este punto como una ventaja competitiva que les permite aumentar los ingresos y la cuota de mercado. Los grupos empresariales están dando más margen a las unidades de negocio para inclinar el capital circulante hacia los inventarios. Del mismo modo, los minoristas ya están preocupados por tener suficientes productos en stock para la temporada navideña. Asimismo, las empresas señalan que las posibilidades de aumentar la producción a través de los niveles actuales de propiedades, instalaciones y equipos ya se han agotado. Para satisfacer niveles de demanda más elevados se necesitan gastos de capital adicionales. En los sectores del transporte y los semiconductores, dos industrias muy sensibles al comercio y la actividad mundial, los ejecutivos señalan que la inversión empresarial deberá seguir siendo elevada hasta bien entrado el año 2022, un importante catalizador para la economía mundial.

A lo largo de 2022 también es probable que el impulso fiscal disminuya, que el exceso de ahorro se reduzca y que el modelo de gasto pase de los bienes a los servicios, lo que permitirá reducir los graves desequilibrios entre la oferta y la demanda. Por el lado de la oferta, el aumento de las tasas de vacunación en los centros de fabricación asiáticos significa que es menos probable que se repitan los confinamientos por el Covid-19 y los largos plazos de entrega comiencen a remitir en muchas partes del mundo.

Sin embargo, no es probable que la vuelta a la normalidad sea fácil. Tras el débil crecimiento del tercer trimestre, es probable que la demanda de los consumidores siga siendo sólida a corto plazo, sobre todo en EE UU y Europa, y que las compañías repongan sus existencias antes de la temporada de Navidad. Por el lado de la oferta, es posible que los recientes cortes de energía en China añadan más presión a los precios de los suministros y a los plazos de entrega a nivel global. Los retrasos en los envíos pueden tardar meses en solucionarse. En consecuencia, probablemente el sector manufacturero internacional siga experimentando obstáculos por el aumento de los costes de los productos, la prolongación de las interrupciones en la cadena de suministro y logística, lo que podría dar lugar a una reducción de la producción, menores beneficios y una revisión a la baja del gasto en capital y la rentabilidad.

Los mercados emergentes orientados al sector manufacturero se enfrentan a retos que podrían frenar el impulso de la recuperación. La industria manufacturera de México, muy integrada en las cadenas de suministro norteamericanas, se contrajo en septiembre al verse afectado su sector automovilístico por la interrupción de la cadena de suministro y el aumento de los costes de transporte. Otros exportadores latinoamericanos están menos vinculados a las cadenas de valor globales y, a salvo de los retos actuales de la oferta. Por el contrario, los países manufactureros del sudeste asiático han comenzado a recuperarse de los trastornos provocados por el Covid-19, pero debido a su fuerte dependencia de los productos importados de China ahora se enfrentan a riesgos adicionales de suministro por las actuales restricciones de energía en las industrias chinas.

En Europa Central y del Este, donde la rigidez del mercado laboral ya generaba presiones inflacionistas antes de la pandemia, es probable que los actuales cuellos de botella en la cadena de suministro, el aumento de los precios de la energía y la fuerte demanda de los consumidores exijan un endurecimiento monetario más acelerado.

Además de las restricciones causadas por la pandemia, el actual desajuste entre la oferta y la demanda puede reflejar cambios más estructurales: una curva de oferta de mano de obra más inelástica podría significar un cambio permanente en el crecimiento de los salarios, mientras que un fuerte rebote en la demanda de energía, junto con los costes de descarbonización y la falta de inversión durante años en las fuentes de energía tradicionales, podría llevar a un cambio sustancial de los costes de la energía y de transporte en el futuro. Ante la reducción de la mano de obra y el aumento de los costes de los productos, la tendencia inflacionista puede ser más persistente en muchas partes del mundo y el endurecimiento de las condiciones monetarias podría llegar antes de lo que esperan algunos bancos centrales.

Álvaro Cabeza es Country Head de UBS AM Iberia