Un vigilante Frankenstein para domar al monstruo de las 'big tech'

Debería tener elementos de los supervisores de los medios, la banca y las farmacéuticas

Logos de las principales tecnológicas.
Logos de las principales tecnológicas. reuters

Las big tech se han vuelto lo suficientemente temibles como para justificar un organismo de vigilancia tipo Frankenstein, mezcla de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC) y la Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA).

La FCC vigila a los medios: otorga licencias a las emisoras que utilizan las ondas públicas. A cambio, se comprometen a servir a los intereses de la sociedad. Plataformas online como Facebook son importantes distribuidores de información, que a su vez influyen en las opiniones. La FCC no censura los contenidos, pero establece parámetros sobre distorsión informativa, programación violenta y otras áreas, especialmente en lo relativo a los niños.

Los examinadores de la OCC hacen comprobaciones rutinarias de la gestión de riesgos de los bancos y califican a las empresas en función de la calidad de los activos, la liquidez y otras normas. Las que obtienen malas notas tienen que resolver los problemas o afrontar sanciones. Un regulador para las tecnológicas también podría vigilar en tiempo real si cuentan con las protecciones adecuadas para aspectos como privacidad y mal uso de los datos.

Dado el potencial daño físico y mental que suponen las plataformas online, la seguridad pública también es crucial. Por eso el proceso de aprobación de fármacos de la FDA añadiría un último control. La agencia revisa los nuevos para evaluar si los beneficios superan a los riesgos. Al igual que farmacéuticas y tabaqueras publican etiquetas para informar a los consumidores de los daños, Facebook tendría que presentar planes para su Instagram para niños, por ejemplo, y, en caso necesario, exigir a los padres que vean un vídeo sobre posibles peligros.

Sería intrusivo, pero también podría aplacar la ira política. La banca se han alejado de los focos tras la entrada en vigor de las reformas Dodd-Frank de 2010, pero el endurecimiento de las normas no ha afectado a sus resultados. Incluso Mark Zuckerberg ha dicho que le gustaría tener unos límites bien definidos. Silicon Valley también podría descubrir que una combinación de normas no tiene por qué ser un monstruo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías