¿Cuándo llegará el fin de la crisis energética?

Las subidas de precios indican que la transición hacia una economía descarbonizada no va a ser un camino de rosas

Los precios de la energía siguen siendo noticia con una crisis que se originó en el mercado del gas y que ahora afecta a los precios del carbón, el petróleo y el carbono. Aunque el choque entre los problemas de suministro y la demanda pos-Covid implica que las subidas de precios podrían ser temporales, un final de año frío podría prolongar el dolor. Los efectos de contagio a los mercados del petróleo parecen limitados, y es poco probable un exceso de precios prolongado en 2022. Sin embargo, la dinámica actual demuestra los retos a los que se enfrenta la economía mundial en su cambio de dependencia de los combustibles fósiles, al mismo tiempo que implican una inevitable volatilidad de los precios que los gobiernos tendrán que abordar.

En los últimos meses se ha observado una gran volatilidad en muchas materias primas, mientras que en algunas regiones los precios del carbón, el carbono y el gas han alcanzado máximos históricos. En Europa, los precios del gas se acercan a los máximos históricos, y en EE UU se encuentran en máximos de siete años. Mientras tanto, el petróleo Brent se cotiza actualmente por encima de los 80 dólares por barril, y los aumentos de precios en lo que va de año son los mayores de los últimos 12 años.

Como es lógico, los inversores temen que el aumento de la factura energética se traduzca en un incremento de la inflación, mientras que el endurecimiento de los presupuestos de los consumidores, los cierres de fábricas y el racionamiento energético en algunas industrias podrían lastrar el crecimiento mundial. Todo esto ha alimentado la preocupación del mercado por la estanflación.

Las circunstancias actuales de los mercados del gas reflejan en gran medida una confluencia de factores temporales y cuellos de botella en la oferta. La demanda repuntó en 2021 tras la tregua de la pandemia. Una primavera fría y largos periodos de trabajo desde casa en Europa y Asia agravaron la situación. En China, una política de cielo azul para controlar la contaminación atmosférica provocada por el carbón ha desplazado la demanda hacia el gas, intensificando la competencia con Europa por el suministro. Una disputa con Australia frenó las importaciones de carbón, mientras que las inundaciones en las minas chinas hicieron que los futuros del carbón alcanzaran niveles récord el 11 de octubre, lo que impulsó la demanda de importaciones de gas.

Al mismo tiempo, los inventarios de gas están muy agotados, sobre todo en Europa. El mantenimiento de los gasoductos y las instalaciones de producción después de la crisis afectó a la reconstitución de los inventarios durante el verano. En EE UU, la producción de gas ha disminuido debido a los menores niveles de perforación de esquisto y, en Rusia, Gazprom ha impulsado la producción de gas a máximos de 10 años.

La situación del mercado del gas también ha arrastrado el precio del carbón térmico (un sustituto) y de la energía eléctrica (un producto). En el caso del carbón, hay poca capacidad para aumentar la producción, ya que se ha recortado la inversión y los derechos de emisión de carbono siguen disuadiendo a los generadores de carbón. La demanda de carbón está en declive estructural, ya que las centrales eléctricas (responsables del 90% de la demanda de carbón en EE.UU.) cierran. Austria y Suecia cerraron sus últimas centrales de carbón en 2020; otras, como Portugal, lo harán este año.

La escasez de gas también se ha trasladado al mercado del petróleo. Los inversores se preocupan por una escasez de suministro similar, por ejemplo, cuando los países cambian a la generación de energía con petróleo. Sin embargo, este cambio es difícil de aplicar. El director ejecutivo de Saudi Aramco, Amin Nasser, estimó recientemente que la sustitución en el mercado del gas natural solo añadiría unos 500.000 barriles diarios de demanda adicional de crudo (es decir, algo más del 0,5% de la demanda mundial). Además, desde un punto de vista fundamental, la situación es muy diferente en los mercados del gas y del petróleo.

En primer lugar, los mercados del petróleo no presentan una estacionalidad tan elevada. En segundo lugar, los indicadores de alta frecuencia sugieren que la demanda de petróleo se está estabilizando y la organización de países exportadores de petróleo (OPEP) revisó a la baja las expectativas de demanda del cuarto trimestre en su reunión de octubre. En tercer lugar, la respuesta de la oferta es mucho menos limitada en el caso del petróleo que en el del gas. En este contexto, la OPEP tiene una amplia capacidad de reserva para satisfacer la posible demanda adicional a corto plazo. Por tanto, aunque los inventarios sean bajos, no existe un desequilibrio fundamental ni tensiones en el mercado de cara al futuro.

Si, como es altamente probable, los problemas energéticos resultan ser temporales, los bancos centrales pueden mirar a través de las recientes subidas de precios, dados los objetivos de inflación simétricos que implican tolerancia a los excesos y a los excesos. Incluso con un impacto comparativamente limitado, la presión al alza sobre la inflación de la eurozona derivada del aumento de los precios del gas natural no se sentirá de manera uniforme en toda la región.

Los gobiernos están interviniendo para amortiguar el golpe, pero el aumento de las facturas energéticas supone un riesgo a la baja para la recuperación de los consumidores de la eurozona, especialmente en países dependientes del gas como España, Italia y el Reino Unido.

Hay que tener en cuenta que solo estamos al principio de la transición a la energía neta cero. Mientras que la actual contracción del precio de la energía ha hecho que el precio de la emisión de una tonelada de CO2 en Europa supere los 60 euros, en muchas partes del mundo es mucho más bajo, o gratuito. Según el Banco Mundial, se necesita un precio superior a los 100 dólares para impulsar el cambio. La transición energética es necesaria, y la escala del cambio necesario es monumental. Aun así, las actuales subidas de precios indican que puede no ser un camino de rosas.

Sophie Chardon es Cross-Asset Strategist Banco Lombard Odier & Cie