La prudencia de Bank of America está reñida con los tiempos

Le ha traído menos recompensas de las que debería, gracias al enorme apoyo público durante la pandemia

Cajero de Bank of America en Boston (EE UU).
Cajero de Bank of America en Boston (EE UU). reuters

Los resultados trimestrales de Bank of America muestran una entidad más cauta que su gran rival, JP Morgan, y que extrae, pues, menos beneficios para los accionistas. Véanse las tarjetas de crédito: los 76.000 millones de dólares de saldos medios de BofA son la mitad de los de JP Morgan. Es una de las razones por las que Moynihan obtiene un 3,3% de retorno en los préstamos, por un 4% en el caso de Jamie Dimon.

Lo mismo con el trading. BofA suele extraer más ingresos relativos que sus rivales, pero apuesta menos. Los ingresos por operar con acciones y bonos fueron de 3.600 millones en el trimestre, frente a los 6.300 millones de JP Morgan. También va a la zaga en asesoramiento. Los 654 millones de honorarios batieron récords, pero son la mitad de los de JP o Morgan Stanley.

Ser menos atrevido tiene sus ventajas. La Fed ha fijado un nivel mínimo de capital para BofA de 360.000 millones, inferior al de otros. Y los intereses suponen la mitad de sus ingresos, por lo que se beneficia más cuando los tipos y la demanda de préstamos suben. Los ingresos netos por intereses subieron un 10% en el trimestre. Apenas lo hicieron en JP y cayeron en Wells Fargo. Probablemente sea una de las razones por las que BofA cotiza a 14 veces los beneficios esperados para 2022: con prima respecto a sus rivales.

Pero la prudencia ha traído menos recompensas de las que debería, gracias al enorme apoyo público durante la pandemia. Y la aversión al riesgo podría ser contraproducente si dificulta la innovación. Dimon ha ganado el doble de clientes de banca de consumo digital desde finales de 2020. BofA ha presentado montones de patentes, pero ha evitado las adquisiciones, mientras que su rival ha comprado una participación en el digital brasileño C6 Bank y en el gestor de patrimonio británico Nutmeg, por ejemplo.

Moynihan quiere seguir hasta 2030: pensará que las características que se buscan en un jefe seguirán siendo las mismas, pese al cambio tecnológico. Su relativa cautela apunta a la creencia de que la próxima crisis podría recompensarle más que la última. Ahora parece una apuesta a la contra.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías