Los riesgos de la dependencia externa, una seria lección del Covid

Entre las enseñanzas que dejará la pandemia figura el hecho de que la globalización tiene indiscutibles ventajas, pero cuenta también con grandes inconvenientes

Entre las grandes lecciones que dejará la pandemia del Covid-19 figura una puramente económica: el hecho de que la globalización tiene sus indiscutibles ventajas, pero cuenta también con grandes inconvenientes, como la fuerte dependencia exterior. La crisis de materias primas y bienes de equipo que se ha desatado en todo el mundo tras el fin de los confinamientos por el Covid-19 está provocando un serio problema de suministros industriales y cuellos de botella logísticos. Unas tensiones que a largo plazo pueden llegar a poner en riesgo el buen ritmo de la recuperación, mientras que a corto amenazan con recortar los márgenes comerciales y poner en riesgo el abastecimiento de productos durante esta Navidad.

Aunque desde la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (Anged), que agrupa a compañías como El Corte Inglés, Alcampo, Carrefour, Ikea, Costco o MediaMarkt, se asegura que se han hecho los deberes con tiempo para evitar problemas a última hora, el panorama resulta bastante más complicado para el pequeño comercio, cuya capacidad de anticipación y negociación de costes es mucho menor. Desde la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes se reconoce que el sector ha tenido que adelantar masivamente sus compras, y pagar a cambio de ello mayores precios, lo que se traducirá en una campaña de Navidad con márgenes más estrechos que los de otros años.

La brusca recuperación de la demanda de consumo en la mayor parte de las economías tras la paralización impuesta por la pandemia explica una reacción en cadena que ha afectado tanto a las materias primas como a las manufacturas y al transporte marítimo. No solo el precio de los fletes –que se ha multiplicado por cinco– sino también los atascos en los principales puertos comerciales del mundo, especialmente en los asiáticos, son los responsables de un nudo logístico difícil de desatar. A día de hoy, hay más de 190.000 contenedores paralizados en los puertos chinos, lo que explica que los pedidos comerciales que habitualmente se entregaban en cuatro o cinco semanas lo estén haciendo como mínimo en unas diez.

Además de los desabastecimientos, la reducción de márgenes y el potencial efecto inflacionista sobre unos precios que ya están al alza, la gran cuestión que plantea esta crisis de suministros es la necesidad, tal y como reclaman ya desde algunos sectores, como el del retail, de que las economías europeas avancen hacia una mayor relocalización de sus fábricas y centros de producción como fórmula para reducir la fuerte dependencia exterior y protegerse frente a próximas crisis, que antes o después llegarán.