Petróleo y gas: primer susto de la transición energética

Los precios máximos en los combustibles fósiles continuarán el próximo año y podrán agravarse en el invierno

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Las economías mundiales se han vuelto a enterar de golpe de su fuerte dependencia de los combustibles fósiles como el petróleo y el gas. El crudo Brent se ha movido esta semana por encima de los 80 dólares el barril, su nivel más alto desde el 2014, y el gas natural ha subido un 530% en Europa y el 130% en Estados Unidos en lo que va de ejercicio. Incluso el casi olvidado carbón se revaloriza el 100% en este 2021.

La chispa que encendió estos elevados precios fue la caída del suministro de gas natural de Rusia a Europa, a la espera de que el gasoducto Nord Stream 2 (Rusia-Alemania) reciba las necesarias autorizaciones, además de la escasez en energía hidráulica, eólica y un sector industrial en auge tras el paréntesis del Covid-19. El pasado miércoles el presidente ruso, Vladimir Putin, prometía aumentar los envíos a Europa, provocando una brusca caída del precio del gas, al tiempo que culpaba a la Comisión Europea de la crisis actual al reducir los contratos de suministro a largo plazo. Pero estos problemas de suministro también se dejan sentir en Asia y América del Norte y los altos precios del gas ha forzado el uso de otros combustibles fósiles, lo que explica que el petróleo o el carbón también disparen sus precios. El encarecimiento de estas materias primas ya toma visos de crisis energética y se está convirtiendo en cuestión de estado en las economías desarrolladas, mientras se prepara una mayor intervención regulatoria en el mercado.

“El impacto en el consumidor se acerca, ya que el gas supone el 40% de la generación de electricidad del Reino Unido y del 25% en Europa. El alivio no se verá hasta bien entrado el próximo año, ya que la demanda estacional cae y se realizan inversiones en el suministro”, explica Ben Laidler, estratega de mercados globales en eToro.

Los mercados de futuros sí reflejan en el largo plazo una caída de los precios de petróleo y gas, en la confianza de un mayor equilibrio entre la oferta y la demanda. Como indican los expertos, la solución a los precios altos se encuentra precisamente en las alternativas que surgen a esos precios tan elevados. El panorama de la actual crisis energética asoma a dos niveles. El primero, el más acuciante, se encuentra en solventar la encrucijada actual de falta de suministro y precios desorbitados y el segundo, hace referencia a un problema estructural de la transición energética hacia las renovables, donde el actual repunte apunta a ser solo el primer episodio de un largo serial.

Norbert Rücker, director de economía e investigación del banco suizo Julius Baer, considera que los mecanismos de autocuración del mercado se han puesto en marcha: “recuperación del mercado de esquisto en Estados Unidos, mayor producción de las potencias petroleras que quieren maximizar sus ganancias frente a la desaparición a largo plazo del petróleo y vuelta a la minería del carbón (último recurso) en Estados Unidos y Australia”, explica. Y añade: “el cambio hacia el carbón y el eventual repunte de los flujos de gas ruso deberían calmar los temores extremos de suministro reflejados en los precios actuales”. La OPEP también tiene en su mano un aumento de la producción, por encima de lo ya previsto, a lo que hasta ahora se resiste.

Los analistas de Bank of America apuntan que si el invierno es especialmente frío podríamos ver el petróleo Brent por encima de los 100 dólares. Pero en una mirada a más largo plazo explican que “los mercados energéticos ajustados podrían persistir durante varios años hasta que el planeta haga la transición a una economía de energía verde”.

En esta misma dirección apunta el experto de AXA IM Investment Managers, Chris Iggo, para el que la transición energética puede conducir a precios elevados de la energía. La inversión se va a dirigir preferentemente al mundo renovable “lo que podría significar una oferta más inelástica y una tendencia de los precios a reaccionar bruscamente a las fluctuaciones de la demanda sobre los combustibles fósiles”.

Desde el banco estadounidense Goldman Sachs pronostican un petróleo en 90 dólares para el final de año y aunque esperan una caída de precios en 2022, advierten de que si el invierno es duro “podríamos terminar el próximo verano a precios de la energía aún históricamente altos”, explica Damien Courvalin. Avisa que en este proceso de transición energética abandonar rápidamente la producción de carbón, gas, petróleo es “bastante peligroso ya que todavía consumimos esos productos básicos”. “El riesgo de que se repita una crisis energética como la actual es bastante alto y este invierno nos va a mostrar el costo de hacer esta transición, ya que la alta volatilidad es inherente a este proceso”. En definitiva, una crisis que está dejando una fuerte revalorización de los valores petroleros y de los productores de gas en las Bolsas. Pero que tiene su reverso en un freno al crecimiento, en temores a que las alzas en la inflación se afiancen y no sean solo pasajeras y también en el recorte de producción de numerosas industrias, muy dependientes de los combustibles fósiles.

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