Más de 150 años vistiendo de madera al vino

Fundada en 1870, la tonelería riojana Gangutia prepara a medida barricas para reconocidas bodegas

Más de 150 años vistiendo de madera al vino

Mantener viva una empresa artesanal con más de 150 años de antigüedad no es nada fácil. Requiere incluso de mayor esfuerzo y tesón que el fundador, en este caso, Estanislao Gangutia, que en 1870 creó en Cenicero (La Rioja) una tonelería a la que puso de nombre su apellido. Han pasado cinco generaciones y siguen trabajando y cubriendo de madera el vino en reposo de reconocidas bodegas de diferentes denominaciones de origen.

De ello se encarga ahora el tataranieto del fundador Fernando Gangutia, orgulloso de haber traspasado el siglo y medio de historia, y sabiendo que los tiempos no corren a favor y la competencia global siempre está al acecho: “Buscamos la excelencia en nuestros productos, y somos conscientes de que las cosas no se consiguen de un día para otro. Hace falta esfuerzo, respeto por el oficio y un férreo compromiso con el entorno”.

En ello están, sobre todo intentando mantener la herencia recibida, al ser de los primeros talleres de tonelería de la zona. Los orígenes, explica Teresa Pérez, gerente de la firma y esposa de Gangutia, se remonta a la visión de uno de los hijos del fundador, Santiago, al darse cuenta de que los nuevos usos de las barricas por parte de los enólogos franceses podían ser una oportunidad para la empresa, ya que hasta ese momento los toneleros trabajaban por libre con las bodegas.

La tonelería ha dado un giro con la última generación, que ha pisado campus universitario, pero sigue teniendo las manos curtidas por la madera. “Ya hay una visión más profesional”, explica Pérez, consciente de la importancia del pasado, con la mirada puesta en el hoy, pero sin perder de ojo el mañana. “Que hayamos llegado hasta aquí es un motivo de orgullo, pero también de responsabilidad, sobre todo dadas las circunstancias que nos están tocando vivir”.

Más de 150 años vistiendo de madera al vino

Adaptarse a los tiempos es una de las labores más complicadas: Gangutia ha conseguido modernizarse, tecnificar un oficio tradicional sin perder su esencia, a la vez que han ido incorporando los últimos avances tecnológicos. Pocos detalles quedan al azar en este taller, donde el ruido del martilleo es ensordecedor. “En los últimos 40 años, la investigación y desarrollo es parte de nuestra esencia”, explica Pérez.

De hecho, participan en proyectos nacionales y europeos que buscan conseguir la barrica del siglo XXI. “Seleccionamos las maderas en función del aporte tánico, diseñamos el curado de cada roble, según su ADN y marcamos la diferencia con tostados revolucionarios”. También han empezado a probar con tamaños más grandes, de 500, 600 y 700 litros, que darán paso en breve a pequeños tinos. Esta tecnificación, afirma Pérez, no resta calidad a la barrica sino todo lo contrario.

Trabajan sin stock y codo a codo con el cliente para hacer la barrica a medida, en función del vino que contenga. Todo esto lo explica mientras terminan de preparar una serie de toneles para las Bodegas Montecillo, con la enóloga Mercedes García presente. “Las barricas son una de las herramientas más importantes con las que cuentan los enólogos en su trabajo”, asegura.

Uno de los secretos, además de la precisión del trabajo manual y tecnológico, se encuentra en la elección de la madera, en este caso, preferentemente de roble francés, europeo y americano, así como maderas alternativas como la acacia, el cerezo, el castaño o incluso el eucalipto.

Los otros pilares son el secado natural de la materia prima, que no baja de los 30 meses y que se realiza entre España y Francia, y el tostado de la madera que se realiza a elección del cliente. “Todo se hace de manera natural, incluso el sellado de la madera, que la hacemos con harina de centeno sin gluten y agua”, detalla la gerente. De la Tonelería Gangutia salen alrededor de 18.000 barricas anuales, de cuya facturación un 20% responde al mercado internacional. Están presentes en casi todas las zonas vinícolas españolas, aunque es en Rioja y Ribera del Duero donde residen sus principales compradores: Bodegas Riojanas, Marqués de Cáceres, Montecillo, Martínez Lacuesta, Torres, Muriel, Coto, Valduero, Emilio Moro, Murua, Valdubón o Pernod Ricard. También han salido a probar suerte en nuevos mercados, como Sudáfrica, Chile, Argentina o Francia, e incluso han abierto una pequeña filial en Estados Unidos, Tonelería Gangutia USA. “El mercado americano valora la tradición y la artesanía, y creemos que podemos tener recorrido”, añade, mientras ayuda a poner el celofán a una barrica terminada de ocho aros.

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