Malas noticias para la reputación de las eléctricas

El sector no ha sabido reaccionar frente a la sentencia pública que le señala como culpable del encarecimiento de la energía

La pandemia ha estimulado sobremanera la sensibilidad social sobre la necesidad de garantizar los derechos básicos de las personas más afectadas por las consecuencias económicas de la crisis sanitaria. La escalada interminable del precio de la luz, recurso de primera necesidad, se produce en este contexto, por lo que sus efectos son especialmente dramáticos para un segmento social amplio, ya muy castigado por las consecuencias derivadas del Covid-19.

Este hecho está poniendo contra las cuerdas el prestigio de las compañías eléctricas. Un sector que viene realizando durante los últimos años importantes esfuerzos por acercarse a la sociedad con mensajes verdes y solidarios, con políticas de responsabilidad social situadas como prioritarias en sus estrategias corporativas. Sin embargo, esta situación puede echar por tierra buena parte del capital reputacional adquirido con esa labor.

A pesar de que otros productos energéticos, también con gran impacto en el bolsillo del consumidor, como la gasolina o el gas natural, llevan marcando precios récords en los últimos meses, la subida de la luz se ha situado en el primer lugar del ranking de temas de interés y presencia mediática. Las noticias diarias sobre este asunto proyectan una imagen pública de las empresas del sector como organizaciones avaras e insensibles a la situación de crisis que vive la sociedad.

Esta situación está despertando el interés de los medios de comunicación para conocer posibles prácticas de las empresas para promover precios más altos que generen más beneficio. Los propios medios, animados también por las ONG y los ecologistas, en el ejercicio de su profesión y misión social, trabajan para profundizar en enfoques, informaciones concretas y temáticas que ofrezcan explicaciones y detalles sobre esta problemática. En este sentido, podríamos decir que las eléctricas se han convertido en la diana para colectivos que exigen responsabilidades ante esta situación tan injusta para mucha gente y que ven en las empresas del sector a los principales culpables.

Independientemente de que la razón de la subida de precios pudiera estar radicada en cuestiones que escapan al control de las empresas, incluso en orígenes ajenos a la actividad de las compañías eléctricas, su imagen y reputación están en entredicho.

Ante esta situación las compañías buscan una reacción bajo el paraguas de sus asociaciones sectoriales, ofreciendo explicaciones sobre la auténtica causa de la escalada de los precios e intentando argumentar la inexistencia de responsabilidades por su parte. La realidad es que el peso de sus argumentos es minúsculo en la vorágine informativa que les señala como culpables de aprovechar esta situación para enriquecerse aún más. Ante una situación de este calado es imprescindible una actuación de mucha mayor exposición por parte del sector, sobre la base de una estrategia que responda a un análisis sereno de cuál debe ser su posición pública en este escenario tan delicado. Y esta necesidad vuelve a sacar a la luz los temores atávicos de las empresas (no solo de este sector, sino en general de los sectores de naturaleza industrial con actividades que implican un impacto en el entorno) para abrirse sin complejos a la sociedad, participando en el debate sin tapujos y haciendo frente a campañas en contra, ofreciendo argumentos sólidos, modulados y adaptados a cada público y accediendo, si es necesario, a asumir errores o prácticas mejorables.

Solo así es posible ganar la batalla de la credibilidad. Las iniciativas del Gobierno están directamente dirigidas a calmar los ánimos de la población más afectada (un segmento amplio y probablemente decisivo para sus intereses electorales) y, con toda seguridad, también con un propósito de protección social. Sin duda la decisión de poner el foco en el recorte de beneficios de las empresas para compensar la subida de la luz es una medida que será aplaudida por buena parte de la población. También demuestra la escasa o nula eficacia de la reacción del sector para defender su posición al respecto, que no ha conseguido contrarrestar en lo más mínimo la sentencia pública que le señala como el causante de todo esto.

Es urgente su reacción como sector, con un despliegue de presencia pública acorde con la gravedad de la situación para su reputación. Presencia que esté cargada de datos y argumentos solventes, expresados con claridad y honestidad; con una estrategia que vaya más allá de la mera justificación de su no responsabilidad, sino que incorpore un esfuerzo pedagógico sobre la realidad del coste de la energía y el papel de las empresas, con propuestas concretas tanto para que sean aplicadas por las empresas del sector como por parte de otros actores de este escenario. Se trata de que asuman su papel protagonista con un enfoque constructivo, con proposiciones destinadas al fin último que espera el ciudadano: aportar soluciones para que el consumo de la energía eléctrica tenga como contrapartida un precio digno y al mismo tiempo permita asegurar la actividad empresarial del sector con los beneficios adecuados para contribuir a fortalecer una industria generadora de riqueza, bienestar y empleo en la sociedad.

Arturo Zubiaga García es Socio fundador de Consejeros del Norte, consultores de comunicación