La estabilidad y el liderazgo del modelo económico y político alemán

Sea cual sea el color dominante del futuro Gobierno tripartito, los grandes fundamentos que han regido la política del país en los últimos años están asegurados

El ajustado resultado de las elecciones alemanas del pasado domingo, en las que el socialdemócrata Olaf Scholz, candidato del SPD y actual ministro de Finanzas, obtuvo una mayoría de poco más de un punto respecto a los conservadores de la CDU/CSU, obliga a optar de nuevo por un Gobierno de coalición en el país, en cuya composición los Verdes y los liberales jugarán un papel clave. Todo apunta a que el futuro Ejecutivo puede estar liderado bien por los socialdemócratas o bien por los conservadores, pero tanto uno como otro necesitarán del apoyo de las otras dos formaciones, puesto que una reedición de la gran coalición entre los dos grandes partidos mayoritarios, que ha gobernado los últimos años en Alemania, se considera muy poco probable. Los resultados abren un horizonte de conversaciones que podrían extenderse varios meses, aunque tanto los Verdes como los liberales han mostrado ya su disposición a negociar y desde las filas del SPD se confía, quizá con exceso de optimismo, en que el acuerdo llegue antes de fin de año.

Los mercados recibieron ayer los resultados con lógica serenidad y satisfacción, dado que sea cual sea el color dominante del futuro Gobierno tripartito alemán los grandes fundamentos que han regido la política del país durante los últimos años parecen asegurados, más allá de que la influencia de los Verdes en materia de descarbonización o de los liberales en lo que se refiere a mayor rigor fiscal puedan marcar con mayor o menor incidencia el rumbo de la legislatura. La experiencia de gobierno de la coalición entre los socialdemócratas y los conservadores ha dado pruebas suficientes a los mercados de que el sentido de Estado, el respeto a los compromisos y la cohesión en las materias pactadas son principios básicos en la política de Estado alemana, un ejemplo a seguir por otros gobiernos en coalición, como es el caso del español, donde las divisiones, las contradicciones y las crisis políticas condicionan una agenda institucional plagada de sobresaltos.

Pese a que la economía alemana no va a experimentar grandes vaivenes como resultado de las elecciones, la hoja de ruta del futuro Gobierno seguirá determinando, como lo ha hecho durante la larga y estable etapa Merkel, la política europea. Esa influencia, en caso de que el nuevo Ejecutivo propugne una vuelta hacia un mayor rigor fiscal, tal y como defienden los liberales, se hará sentir especialmente en la negociación en curso del nuevo marco fiscal de la UE y afectará principalmente a aquellos países que arrastren un mayor desequilibrio en sus cuentas públicas, como España, lo que no es necesariamente un mal a largo plazo, pese a que pueda complicar y endurecer la gestión presupuestaria en los próximos años.