Aprovechar la recuperación para sanear y reformar la economía

Hay que tener en cuenta los riesgos persistentes que continúan atenazando el buen ritmo de la recuperación mundial

La rápida recuperación que está experimentando la economía española, sin precedentes históricos en nuestra historia reciente, como resaltó ayer la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, es consecuencia directa de la peculiar naturaleza de la crisis sanitaria del Covid-19, cuya virulencia obligó a congelar la economía global durante meses y que ahora hace sentir los poderosos efectos del deshielo. La cascada de previsiones macro hechas públicas ayer, por parte del Gobierno, del Banco de España y de la OCDE, coinciden en augurar un notable ritmo de recuperación en la actividad económica española tanto para este año como para el que viene. Mientras el Gobierno sigue apostando por un crecimiento del 6,5% en 2021 y del 7% en 2022, el Banco de España ha corregido sus cálculos, que cifra ahora en un 6,3% este año y un 5,9% el siguiente, mientras la OCDE eleva los suyos al 6,8% en 2021 y el 6,6% en 2022.

El Gobierno da por hecho que la economía española alcanzará los niveles precrisis en el arranque del próximo año, una recuperación que en el caso del empleo será incluso aún más veloz, aunque con la consiguiente merma de la productividad. La suma de la progresiva mejora del consumo, el avance del turismo y la reducción de la incertidumbre generada por la pandemia, junto a las medidas de choque para proteger la economía y el avance de la vacunación, son los mimbres que sujetan la previsión del Gobierno y explican la rápida recuperación de las constantes macroeconómicas de España.

En ese análisis, sin embargo, hay que tener en cuenta los riesgos persistentes que continúan atenazando el buen ritmo de la recuperación mundial, como el encarecimiento de las materias primas y de los bienes de equipo, la incertidumbre en torno a una crisis sanitaria que está ya bajo un razonable control, pero no erradicada o, en menor medida, el repunte de la inflación, que la mayor parte de los analistas consideran de momento coyuntural. Desde el Banco de España se advierte también del retraso en la absorción de los fondos europeos, uno de los puntales del plan de recuperación, y cuya asignación y distribución debe ser gestionada con transparencia y rapidez para que los fondos permitan oxigenar a las empresas, poner en marcha proyectos de inversión y transformar la economía. Como recordaba hace unos días su gobernador, Pablo Hernández de Cos, los Gobiernos deben aprovechar los periodos de crecimiento para acelerar el saneamiento de las finanzas públicas sin descuidar una razonable disciplina fiscal. Esa es, junto a la implementación de las grandes reformas estructurales que siguen pendientes, la tarea que España debe acometer en esta etapa como fórmula para alimentar el crecimiento y prepararse para los posibles escollos del futuro.