Una revolución ferroviaria que ya tiene un vencedor, el consumidor

La liberalización de la alta velocidad ha desatado una contienda en la que el precio, pero también la eficiencia y la calidad, serán claves

La revolución que se está produciendo en el transporte ferroviario español como consecuencia de la liberalización del servicio de alta velocidad no solo confirma los beneficios de la libre competencia, sino también el enorme potencial de futuro que ofrece este sector. Los primeros datos sobre la llegada a España de Ouigo, filial de la francesa SNCF, que el pasado mes de mayo comenzó a operar en el eje Madrid-Barcelona, demuestran que el operador ha irrumpido con paso fuerte y que sus planes son ir a más. Sus trenes han viajado al 99% de capacidad en agosto y tienen un grado de ocupación media del 95%. La compañía estudia optimizar sus frecuencias viajando con doble composición en las fechas y horarios de mayor demanda, lo que le permitirá pasar de ofertar un millón de asientos a finales de este año a un mínimo de nueve millones anuales. La cuota de viajeros alcanzada por la compañía en la línea Madrid y Barcelona llega ya al 37% frente al 63% de Renfe. Entre sus planes figura también operar en el eje Madrid-Valencia y posteriormente dar el salto a Alicante.

La explicación de la espectacular irrupción del operador francés no es compleja. Las restricciones para viajar fuera de España por la pandemia de Covid-19 han impulsado el transporte ferroviario en el marco del turismo interior, pero han sido las competitivas tarifas de Ouigo las que han jugado un papel determinante en su desembarco. Su propuesta de un servicio low cost con billetes a partir de 9 euros, niños de 4 a 13 años viajando por cinco euros y gratuidad para los menores de 3, obligó a Renfe a crear su servicio de bajo coste Avlo, y ha atraído a miles de nuevos usuarios al tren.

El éxito de Ouigo es fruto de un proceso de liberalización ferroviario que resulta extraordinariamente generoso en contraste con los realizados por otros países, como Francia. Ello se explica, en buena parte, por la necesidad de amortizar los 50.000 millones de euros –un cuarto de los cuales provienen de fondos comunitarios– invertidos en construir la red de alta velocidad española, la más moderna y de mayor calidad de Europa, aunque también fuertemente infrautilizada.

En cualquier caso, ese paso adelante de España, que está demostrando ya su éxito en términos de vitalidad de la competencia, constituye un reto histórico para una compañía como Renfe, que no solo debe hacer frente a la pujante entrada de Oigo, sino que tendrá que hacer lo mismo con la del operador italiano Ilsa, que llegará en 2022. Sea cual sea el resultado de esa intensa batalla empresarial –una contienda en la que el precio, pero también la eficiencia y la calidad, serán claves– existe ya un claro ganador, que es el consumidor.