El riesgo de la inflación en una economía indexada en exceso

El hecho de que la actualización de grandes partidas de gasto, como los salarios de los funcionarios o las pensiones, esté ligada al IPC constituye una debilidad estructural

Las últimas previsiones del Consejo General de Economistas auguran un 2022 mejor de lo esperado, con un ritmo de crecimiento del 6% –en línea con las cifras que maneja el FMI o Funcas, aunque por debajo del optimismo del Gobierno– y una recuperación impulsada por los fondos europeos y la paulatina normalización de la movilidad internacional. El organismo, que ha actualizado al alza sus previsiones, advierte al tiempo de que la reactivación de la economía no está consolidada y del riesgo que puede suponer, entre otros factores, un repunte excesivo de la inflación. Los últimos datos sobre la evolución de los precios en la zona euro arrojan un incremento del 3%, sustancialmente superior al objetivo del BCE, y de un 3,3% en España, en lo que constituye la mayor subida del IPC de los últimos nueve años en nuestro país.

Esa creciente curva inflacionista de los precios, provocada inicialmente por el deshielo de la actividad tras las restricciones y fuertemente alimentada por el sprint que está viviendo la factura de la luz, ha irrumpido en el escenario económico europeo de un modo abrupto y puede convertirse en un lastre para la recuperación, especialmente por las dificultades para combatir la presión constante del coste de la energía. Además de las deficiencias del mercado marginalista de la electricidad en España, el aumento de los precios tiene que ver con el coste del proceso de descarbonización que está llevando a cabo la Unión Europea, un problema que no tiene una solución sencilla a corto plazo.

Si el precio de la electricidad avanza este año en España un 25%, tal y como afirmó el lunes la ministra Teresa Ribera, y los costes de las materias primas siguen presionando al alza, la inflación puede dejar de ser un riesgo latente para convertirse en un problema muy serio, especialmente en una economía fuertemente indexada, como es la española. El hecho de que la actualización de grandes partidas de gasto público, como los salarios de los funcionarios o las pensiones, entre otros, esté ligada a la evolución del IPC constituye una debilidad estructural de la economía española y un elemento de fragilidad añadida a la hora de apurar la salida de esta o cualquier otra crisis. Aunque de momento el crecimiento de los precios no se ha reflejado en la inflación subyacente, es cuestión de tiempo que lo haga, y que no solo los presupuestos familiares, sino también los costes empresariales se resientan, además de la productividad de la economía. Si la presión al alza de los precios se mantiene en los próximos meses, el Gobierno haría bien en repensar el proceso, interrumpido, de desindexar la economía española antes de que un aumento excesivo de la inflación diluya el esfuerzo de la recuperación.