El Brexit probablemente le siente mejor a BHP que a Unilever

El CEO de la minera angloaustraliana quiere sacar las acciones de la compañía del índice FTSE 100

Un trabajador en una mina de BHP.
Un trabajador en una mina de BHP.

El Brexit probablemente le siente mejor a Mike Henry que a Paul Polman. El consejero delegado de BHP quiere desmantelar la peculiar estructura de la minera angloaustraliana, valorada en 170.000 millones de dólares, y sacar sus acciones del índice FTSE 100. Debería salir con un puñado más suculento que el que fuera jefe de Unilever logró tres años atrás.

La tosca estructura de BHP se remonta a la fusión de su homónima australiana con Anglo-Dutch Billiton en 2001. Pese a ser una sola empresa, persiste como dos personas jurídicas separadas, lo cual complica las adquisiciones basadas en acciones. Hasta hace poco, BHP se resistía a deshacer la fusión, alegando que los costes ascenderían a 3.000 millones de dólares. Halló un nuevo argumento para andar con pies de plomo en 2018, cuando Polman trató de desmantelar DLC de Unilever, con sedes y operaciones en Londres y Róterdam, una iniciativa que fue bloqueada por los inversores británicos.

El error de Unilever fue dar por sentada la ambivalencia de los inversores. Pero las instituciones londinenses que siguen el FTSE 100 no se mostraron indiferentes ante el inconveniente de tener que vender, y desde luego no se dejaron impresionar por la teoría de que la empresa trataba de aprovechar el entorno menos favorable a las fusiones y adquisiciones de Países Bajos para blindarse ante una adquisición extranjera. Eso significaba que podrían perderse una gran prima en la operación.

Henry se enfrenta posiblemente al mismo problema: dos quintas partes de los accionistas poseen acciones de BHP Plc, que cotiza en Londres, paga buenos dividendos y es uno de los principales componentes del FTSE 100. Cuando cambien sus participaciones por las de BHP Limited, que cotiza en Australia, más de un tercio de los que siguen el índice tendrán que vender. Sin embargo, aparte del hecho de que los costes de deshacer la operación suponen ahora solo 400 millones de dólares, Henry tiene una cosa esencial a su favor: los accionistas deberían sacarle un beneficio tangible a su propuesta.

Las acciones australianas han cotizado siempre con una prima del 20% respecto de sus homólogas británicas, en parte debido a las ventajas fiscales denominadas créditos de franquicia, que solo están disponibles para las acciones nacionales. Incluso si los accionistas de Plc están molestos por el cambio, ahora deberían poder vender a un precio más alto y reciclar su capital en mineras rivales como Río Tinto o Glencore. Aunque la combinación de posiciones en los fondos de cobertura y la previsión de mayores costes de la empresa hizo que las acciones de BHP Limited cayeran un 7% el miércoles, la prima sigue estando por encima del 10%.

Henry aún tiene que convencer a los inversores australianos, que pueden temer una oleada de ventas de acciones de BHP, para que respalden el plan. Ahí es donde vendría bien reexaminar la zona de confort de la deuda neta del grupo. Si BHP eleva su deuda neta al 20% del capital total, en línea con los niveles recientes, podría permitirse una recompra multimillonaria. Eso debería valer para que Henry convenza a los escépticos