Infraestructuras para una nueva movilidad

Además de apostar por tecnologías y modos de transporte más limpios, hay que reducir las necesidades de desplazamientos obligados

El 29% es la cuota de emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) que aporta el transporte en España. Es el sector que más impacta y el que peor comportamiento ha tenido a nivel global. Mientras el conjunto de sectores ha reducido su aportación de emisiones en un 20% desde 1990, el transporte las ha incrementado en un 30%.

Por tanto, es evidente que, para conseguir nuestros objetivos climáticos, tenemos que mirar al transporte y a las infraestructuras que lo facilitan. Unos objetivos muy ambiciosos que la Comisión Europea sitúa en una reducción de las emisiones del 55% en 2030. Para tener una idea de la ambición de este objetivo, cabe señalar que supone doblar la reducción de emisiones conseguida en los últimos 30 años, en solo 10 años.

No estamos ante un reto del futuro, estamos ante una tarea del presente y nos lo acaba de recordar el último gran informe de situación del panel de expertos vinculados a la ONU (IPCC). Los objetivos son para pasado mañana, las temperaturas están aumentando ya y los fenómenos climatológicos adversos que asolaron Alemania o el Mediterráneo este verano nos hacen ver el efecto bumerán de la influencia y la gran vulnerabilidad del ser humano.

La parte positiva es que estamos a tiempo de actuar y la determinación de España, de la UE y de cada vez más países de la comunidad internacional es mayor.

En el ámbito del transporte partimos de una premisa clara: mantener nuestros niveles y modelos de movilidad actuales es incompatible con el objetivo de que el planeta siga siendo habitable para la mayoría de los seres humanos.

Por ello vamos a actuar en tres transformaciones, que, explicadas de forma muy simplificada, son las siguientes.

La primera es el cambio hacia tecnologías más eficientes en términos de emisiones. Aquí el principal reto es la electrificación del parque móvil particular y parte de nuestro transporte público. Reto que España asume como prioritario y por ello el vehículo eléctrico y conectado es el protagonista del Primer Plan Estratégico del Plan de Recuperación y supone una movilización histórica de recursos públicos y privados. La electromovilidad permitirá recortar emisiones procedentes de la movilidad urbana, donde el cambio tecnológico es más factible a corto plazo.

La segunda transformación se basa en el giro modal hacia medios de transporte más sostenibles, para configurar un nuevo mix de movilidad, que otorgue mayor peso en la movilidad urbana a los peatones, bicicletas y transporte público en detrimento del vehículo privado. En cuanto a la movilidad de media distancia (200-600 km), el ferrocarril de alta velocidad deberá asumir una mayor parte de los desplazamientos por carretera y de los vuelos nacionales. Y sobre las mercancías, nuestra asignatura pendiente en materia de transporte, es absolutamente necesario que el ferrocarril asuma más cuota modal: cada vez que subimos una mercancía al tren dividimos entre cinco nuestras emisiones.

La tercera transformación es más transversal, va más allá de las políticas puras de movilidad, y consiste en reducir o laminar en el tiempo las necesidades de movilidad obligada. Aquí estamos hablando de flexibilidad horaria laboral, del trabajo en remoto, de agenda urbana y de una ciudad policéntrica en la que dispondremos de todo lo necesario para el día a día en un radio de 15 minutos.

Para conseguir estos objetivos desde el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana estamos diseñando estrategias como Mercancías 30 o Cercanías 25, para incrementar la cuota de mercancías al 10% en nuestra red ferroviaria y para subir a la red de cercanías a nuevos nichos de población. Presentaremos una Ley de Movilidad que será el paraguas para alinear todas las políticas de movilidad de las administraciones con la movilidad sostenible, y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia será la palanca de cambio para transformar nuestro sistema de transporte hacia uno compatible con nuestros objetivos climáticos, con 13.000 millones de inversiones, en las que destacan más de 6.600 millones en ferrocarril, 1.500 millones en logística sostenible o más de 2.900 millones en zonas de cero emisiones.

Pero además de invertir, actualizaremos la planificación de nuestras infraestructuras, sobre todo las referentes a la carretera, donde se generan el 25% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en nuestro país. La fuerte inversión realizada en nuestra red viaria nos ha permitido ser el país que lidera el descenso de muertes en carreteras en la UE, por ello no debemos dejar de invertir en nuestra red viaria, sino priorizar la conservación, las actuaciones de seguridad vial y la digitalización, tanto de la gestión de la red, como de la movilidad que por ella discurre. Significa definir nuevas prioridades, replanteándonos actuaciones previstas de aumentos de capacidad si ello significa inducir nueva movilidad no compatible con la necesidad de reducir emisiones y con el papel más discreto del vehículo privado en las ciudades. Necesitamos invertir más en nuestra red viaria, pero necesitaremos invertir de forma diferente, también para que estas infraestructuras sean resilientes a los efectos del cambio climático manifestados con fenómenos climatológicos extraordinarios.

En definitiva, vamos a tener muy presente que la planificación de hoy es para infraestructuras que operarán en una nueva normalidad de movilidad muy diferente a la del presente, una movilidad más conectada, más segura y sobre todo, de forma obligada, más sostenible.

Sergio Vázquez Torrón es secretario general de Infraestructuras