Caos económico en Afganistán, uno de los países más pobres del mundo

Los ciudadanos se agolpan en los cajeros automáticos de la capital afgana para retirar todos sus ahorros ante el avance del grupo islamista

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Afganos en una fila para retirar sus ahorros en los cajeros automáticos, en Kabul, este domingo. Getty Images

La entrada de los talibanes en Kabul ha detonado el caos económico y social en la capital afgana. Este lunes ha sido el primer día de Afganistán bajo el control del grupo radical islamista, 20 años después de haber sido derrocado del poder por una incursión militar de Estados Unidos. Pero su regreso ha traído consigo el pánico de los ciudadanos que, a toda velocidad, intentan asegurar el resguardo de su vida y de los ahorros construidos en las últimas dos décadas.

La llegada de los islamistas irrumpe en un momento en el que un 72% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, con 6,8 millones de personas que corren el riesgo de padecer inseguridad alimentaria aguda, según un informe de Fewsnet.

Y es que a pesar del intento fallido de EE UU por reconstruir Afganistán, la alta tasa de desempleo y el lento crecimiento económico han dificultado a las familias urbanas y rurales alcanzar una vida digna económicamente. Un caldo de cultivo, sobre todo entre los más jóvenes, del que se han alimentado los fundamentalistas en los últimos años.

Así, el temor a que el grupo radical vuelva a imponer un estado autoritario, donde prácticamente se anulan los derechos de las mujeres sobre todo en el campo laboral, ha empujado a cientos de ciudadanos a evacuar la ciudad. Desde este domingo, cuando ya la victoria de los talibanes era inminente, los afganos acudieron en masa a los cajeros automáticos para intentar retirar todo su dinero de los bancos y tratar de huir del país.

Una familia afgana corre hacia el aeropuerto internacional Hamid Karzai, en Kabul, este lunes.
Una familia afgana corre hacia el aeropuerto internacional Hamid Karzai, en Kabul, este lunes. Getty Images

Las imágenes se han repetido en las otras 15 capitales capturadas por los islamistas como Kandahar, la segunda ciudad más importante del país y el centro del comercio. "El Gobierno no está resolviendo nuestros problemas", ha señalado a la agencia AP Bostan Shah, un joven de 24 años que trabajaba como policía en esta ciudad, mientras acudía a una de las sedes bancarias para retirar su salario.

Abdull Mossawer, de 32 años, también policía, ha explicado a la agencia de noticias que la espera en las colas de los bancos es de horas, aunque continuamente los empleados salen a dar explicaciones por la demora.

Los llamados a la calma de las instituciones han caído en saco roto. La Asociación de Bancos Afganos (ABA, por sus siglas en inglés) ha asegurado a los ciudadanos este domingo que no deben preocuparse por sus ahorros en los bancos, pero los afganos han apurado el paso para escapar del país ya controlado por unos 60.000 militares desplegados por todo el territorio.

Huir a todo coste

Las calles han amanecido desérticas este lunes, pero el caos se ha trasladado al aeropuerto internacional Hamid Karzai, tras el decreto de los talibanes del "fin de la guerra en Afganistán". La conquista relámpago de los radicales ha empujado a los civiles a buscar una escapatoria, aun sin contar con documentos de viaje o visados. 

Las multitudes se han agolpado en las ruedas de los aviones ante la restricción de todos los vuelos comerciales, unas hazañas desesperadas que han dejado al menos cinco fallecidos y varias decenas de heridos, según Reuters.

Pero en un aeropuerto no caben 38 millones de habitantes. A pocos pasos de algunas embajadas ya abandonadas como la suiza y la india, la calle comercial Chicken Street (en Kabul) es testigo del temor de algunos de los que se han quedado. Sherzad Karim Stanekzai, dueño de una tienda de alfombras y textiles, ha relatado a Reuters que tras la entrada de los talibanes decidió pasar la noche en su local para proteger sus bienes. "Perdí a mis tres hermanos en siete años de esta guerra; ahora tengo que proteger mi negocio", ha asegurado.

Otros intentan adaptarse rápidamente al cambio de régimen y de clientela. "Es extraño sentarse aquí y ver las calles vacías, sin convoyes diplomáticos ni camiones con armas", ha comentado Gul Mohammed Hakim, dueño de una fábrica de pan en la zona. "Estaré aquí horneando, pero ganaré poco dinero. Los guardias de seguridad que eran mis amigos ya se han ido", ha comentado el comerciante, que resalta entre sus preocupaciones el recuperar el largo de su barba, una de las normas que mantuvieron los talibanes durante su Gobierno entre 1996 y 2001.

Biden defiende la retirada

El rápido avance de los talibanes en las últimas dos semanas superó la velocidad de la reacción internacional. No obstante, el presidente de los EE UU, Joe Biden, ha reafirmado este lunes su decisión de retirar a las tropas estadounidenses pues su misión era evitar un ataque terrorista contra el país americano, no participar en una guerra "en la que las fuerzas afganas no están dispuestas a luchar".

En una breve comparecencia, ha explicado que, a partir de ahora, EE UU se centrará en aquello que sí puede hacer, como ayudar a la población afgana y defender los derechos humanos. No obstante, ha advertido que si EE UU o sus militares son atacados, no dudará en actuar con "una fuerza demoledora si es necesario".

Al otro lado del Atlántico también se ha hecho esperar la respuesta. Este martes, se reunirán los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea para abordar la situación de Afganistán y hacer una "primera evaluación", según ha informado desde Twitter el Alto Representante de Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Josep Borrell.

El jefe de la diplomacia europea ha destacado también que el país asiático se encuentra "en una encrucijada", y ha asegurado que la seguridad y bienestar de sus ciudadanos así como la seguridad internacional están "en juego".

En este contexto, algunos Estados miembros han anunciado operaciones para evacuar a sus nacionales desplazados a Afganistán, como Alemania y Francia. España, por su parte, ha enviado este martes el segundo avión a Dubái para repatriar a españoles y traductores afganos.

Terremoto geopolítico

Biden informó a principios de julio de su decisión de concluir la misión militar de las tropas estadounidenses en Afganistán el 31 de agosto, una resolución que en poco más de un mes ha volcado el tablero político nacional e internacional. En medio del terremoto geopolítico, ha surgido China como uno de los aliados para el nuevo régimen talibán. El Gobierno asiático ha expresado este lunes su deseo de profundizar las relaciones “amistosas y de cooperación” con Afganistán, formalizando así las aproximaciones que empezaron a finales de julio entre China y los insurgentes para ocupar el espacio abandonado por EE UU.

A cambio de que el territorio ahora controlado por los talibanes no sirva de base militar para el Movimiento Islámico de Turquestán Oriental (un grupo radical uigur que Pekín acusa de representar una amenaza directa para su seguridad nacional), China ha ofrecido apoyo económico e inversiones para la reconstrucción de Afganistán bajo el nuevo régimen del grupo islamista.

La nueva alianza trae a Pekín la oportunidad de avanzar en su proyecto de expandir la nueva Ruta de la Seda china, con el que China pretende adelantar a EE UU como mayor potencia económica. También el cese del fuego en Afganistán supone para Pekín una mayor estabilidad que le permite asegurar sus fronteras y concretar sus inversiones en el corredor económico con Pakistán, su mejor socio y el mejor cliente de armamento chino.

Hasta ahora, China no ha reconocido oficialmente a los talibanes como nuevos líderes de Afganistán, pero en su reunión del mes pasado, aseguró que eran una “fuerza militar y política decisiva” para la región.

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