La vivienda, una apuesta de inversión clásica y lejos de la burbuja

Para el no profesional es teóricamente sencilla, aunque también sea un activo poco líquido del que será complicado obtener grandes ganancias a corto plazo

La confianza en el ladrillo como fórmula de inversión es una constante en España, para disgusto de la Comisión Nacional de Mercados y Valores, que preferiría una mayor participación de los mercados financieros. Pero mientras las tendencias demográficas, tanto de inmigración en busca de trabajo como de jubilados en busca de sol, sigan siendo positivas, parece razonable pensar que los precios seguirán al alza, aunque lo hagan a ritmos más sensatos que los vividos hace una década. Con todo, no deja de sorprender el aguante del sector durante lo más duro de la pandemia, si bien en España no se han registrado los precios disparados de otros países europeos.

El cambio de hábitos provocado por los confinamientos y el distanciamiento físico, que el tiempo dirá si será duradero o solo dejará algún eco, se trasluce en un desplazamiento de la demanda hacia viviendas más grandes y más alejadas de los centros urbanos... pero sin pasarse. La España vacía sigue estándolo, a pesar de los discursos de los políticos y de la viabilidad del teletrabajo (que en la práctica las empresas no están adoptando tanto como se prometía), por la falta de servicios y, sobre todo, de empleo.

Los expertos creen que el año se cerrará con pequeñas alzas en los precios, mayores en la costa por el retorno esperado del comprador y el visitante extranjero. Es de prever que los británicos, por las dificultades de todo tipo impuestas por el Brexit, se retraigan (al menos parcialmente) de adquirir una casita para su retiro dorado, pero los ciudadanos de Estados miembros de la Unión Europea seguirán viniendo, y quizás supliendo esa ausencia.

La inversión para alquilar sigue en rentabilidades muy altas en términos históricos, pese a la ligera caída de los precios provocada por la pandemia y a la inseguridad jurídica de las idas y venidas del Gobierno, que sigue negociando internamente su Ley de Vivienda, y las de los Ayuntamientos respecto a los alojamientos turísticos. Son vasos comunicantes, eso sí, y la restricción de los arrendamientos vacacionales alimenta el parque de los de larga duración. Y es probable que siga creciendo la demanda de los jóvenes y las personas con rentas bajas, que se están quedando fuera del mercado de compraventa, ante las mayores dificultades para obtener crédito de los escaldados bancos.

Para el inversor no profesional es una apuesta conservadora y teóricamente sencilla, aunque también sea un activo poco líquido del que será complicado obtener grandes ganancias a corto plazo.