Llegan los fondos UE: una ocasión histórica para invertir y reformar

El éxito del plan de recuperación depende del aprovechamiento y buena gestión de las ayudas y de la profundidad de las reformas económicas

Europa dio ayer finalmente el primer paso para comenzar a distribuir de forma efectiva el histórico paquete de ayudas para la recuperación de la crisis del Covid-19, un total de 750.000 millones de euros que se transferirán a los Estados miembros entre 2021 y 2026 y de los que España aspira a recibir unos 140.000 millones entre subvenciones y créditos blandos. Los ministros de Economía y Finanzas, reunidos en el Ecofin, aprobaron los planes de recuperación de una docena de países, entre ellos el de España, que está lista para recibir el primer anticipo de 9.000 millones.

El visto bueno dado por el Ecofin a los planes de los Gobiernos europeos es sin duda una buena noticia, pero también una noticia que llega con retraso. La UE ha necesitado un año entero para completar la aprobación final de un paquete de ayudas de naturaleza supuestamente urgente y extraordinaria, y ahora debe afrontar todavía el proceso de distribución de esos fondos a los distintos países, cuyos Gobiernos tendrán, a su vez, que asignarlos y repartirlos. Frente a una economía como la estadounidense, que no solo reaccionó frente a la pandemia con una contundencia sin precedentes en cuanto al montante de las ayudas, sino que lo hizo también con celeridad, Europa ha demostrado una vez más que la lentitud en la adopción y tramitación de las decisiones sigue siendo una de sus grandes asignaturas pendientes.

Más allá de ese hecho, que debería servir para evitar la autocomplacencia política, es indudable que para los Gobiernos europeos ha llegado la hora de la verdad. A ellos les corresponde gestionar y ejecutar las políticas y aprobar los proyectos que se beneficiarán de la ambiciosa ayuda europea, pero también poner en marcha el calendario de reformas económicas que cada uno ha comprometido con Bruselas. En el caso de España, esa hoja de ruta comprende dos centenares de reformas e inversiones pensadas para sacar al país de la crisis con una economía más fuerte y mejor preparada para el futuro. El éxito de esa tarea depende de dos grandes factores: del aprovechamiento y buena gestión de las ayudas y de la profundidad de las reformas económicas. Bruselas ha establecido una decena de controles sobre la ejecución de los fondos asignados, un capítulo en el que España no siempre ha estado a la altura de las circunstancias, que debería garantizar que el dinero se asigna convenientemente. En cuanto a las reformas, dado que el desembolso de las ayudas a lo largo de los próximos años depende del cumplimiento del calendario comprometido por el Gobierno, a este le corresponde legislar con la eficacia, diligencia y responsabilidad necesarias para aprovechar esta oportunidad histórica.