Jane C. Ginsburg: “La situación de las mujeres es peor que antes del Covid”

La profesora de la Universidad de Columbia recibe en Madrid un reconocimiento a la trayectoria de su madre, la jueza Ruth Bader Ginsburg

Jane C. Ginsburg viajó a Madrid para recoger el homenaje a su madre de manos de la World Jurist Association
Jane C. Ginsburg viajó a Madrid para recoger el homenaje a su madre de manos de la World Jurist Association

A Jane C. Ginsburg (65 años), profesora de Derecho en la Universidad de Columbia, la pasión por las leyes le viene de familia. Su madre fue Ruth Bader Ginsburg, jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos hasta su muerte en 2020 y actualmente icono de la lucha por la igualdad y los derechos de las minorías. Su padre fue un reputado fiscalista. La jurista recibe a CincoDías en la biblioteca de la Casa América de Madrid, donde ha viajado desde Nueva York para recoger el homenaje a su madre por la World Jurist Association.

Ginsburg habla de igualdad, de brecha de género en el sector legal, de la independencia de los jueces y de Trump. Se muestra tajante al asegurar que la pandemia ha sido un lastre para la lucha feminista. “La situación de las mujeres es peor que hace dos años, antes del Covid. Muchísimas mujeres han perdido su trabajo porque las escuelas cerraron y los niños tenían que seguir sus lecciones desde casa”, lamenta.

La ecuación es sencilla. Si en un matrimonio uno de sus miembros debe cuidar de los hijos en casa, lo hará aquel que menos gane. “Suele ser la mujer”, resuelve. Un desequilibrio que, en su opinión, también se ha dejado notar en la profesión legal: “Trabajar desde casa y tener distracciones como los niños es un problema”.

Ginsburg, experta en propiedad intelectual, reconoce que el asunto está menos enquistado que hace unos años. “Hay muchas situaciones que en tiempos de mi madre las mujeres tuvimos que soportar, y muchas no se molestaban en denunciar”. Hoy celebra que la mayoría de empresas y universidades cuenten con espacios de formación y protocolos antiacoso. “Si alguien te presiona para tener sexo, si denuncias es seguro que habrá consecuencias”, aplaude.

La magistrada Ruth Bader Ginsburg destacó por su alineación con los oprimidos, tanto en su faceta de jueza como en sus inicios como abogada. Su incansable lucha por los indefensos desde los tribunales viene recogida en el libro La juez Ruth Bader Ginsburg. Una semblanza jurídica en femenino plural, promovido por la Fundación Wolters Kluwer.

Su hija hoy resalta la dificultad de las clases menos pudientes para acceder a la justicia, salvo por medio de la defensa gratuita. La tradición europea, donde la parte perdedora asume los costes del pleito, viene recogida en algunas leyes estadounidenses, pero no es “una práctica tan extendida como en Europa”. En cambio, la profesora destaca que “es muy común el uso de acuerdos por los que los abogados solo cobran en caso de victoria y toman un porcentaje de la indemnización”.

En términos de separación de poderes, tacha de “inaudita” la situación de Polonia y la amenaza a la independencia de sus jueces. Tiene fe en la independencia judicial de su país. Allí los magistrados federales pasan por un doble filtro político. “Estos jueces (federal judiciary) son elegidos por el presidente y confirmados por el Senado”, una criba que dificulta que “se elijan jueces demasiado extremistas”. Además, asegurar un puesto vitalicio y con un sueldo cómodo blinda a sus señorías de conflictos con los políticos de turno. Su madre fue magistrada 27 años, hasta el día de su muerte.

Solo al final del encuentro Ginsburg se muestra preocupada por algunos de los nombramientos de los últimos años. “Con Trump y su intento de aupar a ciertos jueces hemos visto que el sistema no siempre funciona”. La politización de estos cargos, según ella, es una gran amenaza, porque “se pone en duda la credibilidad del tribunal”. Algo peligroso, asegura, porque "si un tribunal deja de ser creíble, deja de tener poder”, sentencia.

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