Una encrucijada, una gran oportunidad

Debemos aceptar que el desafío del cambio climático nos interpela a todos para actuar ya

Vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico
Vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Trece días después de que el primer número de CincoDías saliera a los quioscos, marzo de 1978, encallaba en la Bretaña francesa el petrolero Amoco Cádiz. No fue la primera marea negra y luego vendrían otras peores, pero sí marcó un antes y un después. Sus bodegas liberaron al medio marino más de 220.000 toneladas de ese petróleo que, junto a otros combustibles fósiles, nos ha traído al punto en que se halla el planeta: ahogado en CO2, inmerso en una crisis climática global, en una crisis de recursos y de biodiversidad, en una crisis de desigualdad social. Y en mitad de una pandemia en absoluto ajena a un modelo de crecimiento del todo insostenible.

España se encuentra en la misma encrucijada que los demás países industrializados, ante la necesidad de redefinir los pilares de su economía e incorporar de manera urgente a su modelo social y productivo la variable climática, ambiental y verde. Nuestro país emprende con retraso esta senda transformadora, pero no parte de cero. En los tres últimos años el Gobierno ha ido construyendo el andamiaje normativo y estratégico para actuar ya y, a la vez, planificar a medio y largo plazo con más ambición incluso que la exigida por la UE.

Ahí están el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático –ambos hasta el horizonte de 2030–, la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo, la Ley de Cambio Climático, la Hoja de Ruta del Hidrógeno Verde, la Estrategia de Pobreza Energética, la Estrategia de Economía Circular y su primer plan de acción o el proyecto de Ley de Residuos en trámite parlamentario, por citar solo las piezas más significativas de ese marco.

Apoyado en todo este entramado ha empezado a desplegarse ya el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), la herramienta diseñada para canalizar en inversiones y reformas los 70.000 millones de euros de los fondos Next Generation de la UE e inocular en todo nuestro sistema productivo el más avanzado ADN ambiental y de sostenibilidad.

Solo en los Presupuestos Generales de este año, este ministerio hará un esfuerzo de ejecución de 6.805 millones de euros, del total de 15.339 millones que tiene asignados dentro del PRTR. Los ámbitos de prioridad están claros: la transición energética hacia un horizonte cien por cien renovable, agenda urbana y de movilidad sostenible, economía circular y política de residuos, regeneración de ecosistemas y biodiversidad, y reto demográfico y equidad social.

Pero, más allá de gastar bien un presupuesto reforzado por los fondos europeos, nos encontramos en realidad ante una oportunidad única para transformar nuestro modelo de desarrollo, para desplegar I+D+i y generar crecimiento y empleo, para mejorar la cohesión social y territorial del país. Con el PRTR como instrumento podemos acometer una nueva revolución industrial que ha de ser necesariamente verde. Con ese convencimiento hemos querido ponernos metas difíciles pero factibles. La ambición contenida en las 212 medidas del plan la han valorado positivamente prestigiosos think tanks internacionales, e importantes medios de comunicación anglosajones han destacado su riguroso enfoque ambiental.

El gran reto que enfrentamos es el de desacoplar la actividad económica del incremento de las emisiones contaminantes y de gases de efecto invernadero. Y producir y consumir de otra manera, sin despilfarrar recursos, pasando de unos sistemas lineales, de usar y tirar, a unos procesos productivos, cadenas de suministro y de transporte que incorporen desde el inicio el concepto de circularidad. La economía circu­lar tendrá también un papel muy importante en la transformación de los sectores industriales.

Este Gobierno asume su responsabilidad como estratega e impulsor del cambio, como creador de oportunidades. Es su obligación marcar el rumbo, enviar señales claras a las grandes empresas y la industria, a las pymes y los inversores. Crear un marco regulatorio, fiscal y de incentivos estable e indiscutiblemente verde. Salvaguardar el capital ambiental y, sobre todo, preservar el activo más valioso e insustituible de todos, el humano, con políticas redistributivas y de justicia social.

La prosperidad que depararán los nuevos nichos de negocios y empleos alineados con la sostenibilidad ha de ser compartida de manera equitativa social y territorialmente. Pero este es un reto de país y son igualmente imprescindibles el concurso de las Administraciones autonómicas y locales, y un decidido liderazgo del tejido empresarial, agentes sociales y ciudadanía en su conjunto.

Hemos llegado al punto en el que todas las sociedades desarrolladas debemos pulsar el botón de reinicio, resetear viejos esquemas y aceptar que el desafío del cambio climático, más la crisis sobrevenida del Covid, nos interpela a todos para actuar ya.

Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

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