Una FP para cubrir la falta de mano de obra en la construcción

Urge un plan específico de certificaciones sin el cual no habrá trabajadores para ejecutar los planes de los fondos europeos

El Gobierno prepara una reforma integral de la FP que pretende poner fin a una de las grandes demandas por parte de las compañías, como es la de acercar este tipo de formación a las necesidades del tejido empresarial. El anteproyecto recoge, entre otros elementos, el impulso de la FP dual o la vinculación de los centros de formación con las empresas.

El texto está inmerso en su proyecto negociador y, posteriormente, entrará en su desarrollo normativo, por lo que todavía puede sufrir cambios. No obstante, la reforma también contempla que los alumnos puedan cursar algunas asignaturas en la universidad, y viceversa, junto a la creación de másteres profesionales para aquellos estudiantes que hayan conseguido el título de FP superior. Reforma vital, puesto que en nuestro sector no solo hace falta mano de obra poco cualificada, sino también especializada.

Desde la construcción miramos con especial atención esta reforma, ya que somos conscientes de la importancia de mejorar la formación y la cualificación de los futuros trabajadores, sobre todo en un momento tan trascendental para nosotros. La llegada de los fondos europeos agravará el déficit de mano de obra y el aterrizaje de jóvenes en el sector será vital para rejuvenecer las plantillas y garantizar el relevo generacional, sobre todo, de las que están a pie de obra.

La reforma de la FP es tan importante como superar el problema cultural que rodea a este tipo de educación, puesto que se asocia tener una buena formación con una titulación universitaria. Situación que no se vive en otros países, como los anglosajones, donde un profesional con una formación de grado FP puede desarrollar una carrera profesional a lo largo de toda su vida que le permita un crecimiento personal y profesional sin estar condicionado por su formación.

Por tanto, y si queremos converger con Europa, hace falta quitarse estos complejos. Una persona puede tener una vida plena en todos los sentidos sin necesidad de que en su curriculum figure un título universitario.

Es importante acabar con esa denostación reinante hacia la FP y con la idea instaurada de que quien la realiza es porque no tiene otra alternativa. Esperamos que con esta reforma se rompan las barreras que impiden que muchos jóvenes puedan acceder a un puesto de trabajo, o que, accediendo, lo hagan en puestos para los que están sobre preparados; o peor aún, se vean obligados a emigrar a otros países llevándose consigo el talento forjado en nuestro país.

El cursar una FP, sobre todo en su modalidad dual, permite al alumno entrar en contacto a una edad temprana con el mercado laboral y, desde ahí, adquirir una experiencia laboral que determine qué rumbo profesional tomar. Por tanto, es necesario e imprescindible que cambiemos el chip, que avancemos y que dejemos atrás viejos clichés que debilitan a nuestros jóvenes y no los preparan para un mercado que es cada vez más competitivo, exigente, y que cuenta con una carencia de titulados de FP.

Desde el sector hemos trasladado la necesidad de crear un plan específico de certificaciones para la construcción puesto que, si no se ponen en marcha pronto, no habrá trabajadores ni trabajadoras para finales de año y será difícil ejecutar los planes de los fondos europeos de recuperación.

El sector tiene que hacer frente a un serio problema. Al observar la formación de los trabajadores nos encontramos con una figura en forma de diábolo. Una base ancha de personas con poca cualificación, una franja intermedia estrecha con formación profesional y en la cúspide una zona que se vuelve a ensanchar con profesionales titulados universitarios. Se necesita personal cualificado en FP para aligerar su base y su cúspide, situando profesionales cualificados en la parte central.

Actualmente, la formación dual se puede desarrollar a través del contrato para la formación y el aprendizaje. Sin embargo, la regulación es muy rígida e impide que se utilice en nuestro sector. Por tanto, es necesario dotarlo de una mayor flexibilidad para que un trabajador pueda ser contratado por una agrupación de empresas. Esta medida –ya en vigor en otros países europeos– sería de gran utilidad en España, donde el tejido empresarial está constituido en un 98,7% por pymes, de las que el 86,1% son empresas de menos de diez trabajadores. De ahí la conveniencia de flexibilizar estas prácticas para que puedan realizarse en varias empresas y en diferentes centros de trabajo.

Por otro lado, los contenidos formativos de un título de FP o un certificado de profesionalidad contemplan un elevado número de horas que, en ocasiones, hace muy difícil que un trabajador se pueda comprometer con su realización. Sería interesante permitir que se realizaran unidades formativas adaptadas a las necesidades del trabajador y que se le permitiera ir creando una mochila hasta terminar el grado sin imponer límites en el tiempo como ocurre en la actualidad.

El Plan de recuperación es una hoja de ruta para salir de la crisis. Pero la visión sin ejecución es una alucinación. Y el 70% de las ayudas comunitarias recientemente aprobadas pasan por nuestro sector. Los planes de futuro requieren profesionales capaces de ejecutarlos. Y esa capacitación solo será posible a través da la formación: la mejor arma para construir el mundo y, en nuestro caso, cubrir la falta de mano de obra que sufre el sector de la reconstrucción.

Pedro Fernández Alén es Presidente de la Construcción (CNC)