La insostenibilidad de las pensiones no es un problema futuro, sino presente

España en su conjunto cuenta actualmente con 1,95 cotizantes por cada pensionista, una proporción insuficiente para alimentar el equilibrio presupuestario del sistema

Las proyecciones a largo plazo, ya sean macroeconómicas o sociológicas, inducen a concentrar la mirada en los problemas que traerá consigo el mañana y a no reparar en que, a menudo, parte de los desajustes del futuro pueden apreciarse ya en el presente. Un ejemplo de ello es el informe España 2050, elaborado por un centenar de expertos para analizar cómo evolucionará la sociedad y la economía española en las próximas décadas, el cual advierte de que dentro de 30 años habrá solo tres cotizantes por cada dos pensionistas en España (un cotizante y medio por pensionista), una circunstancia que, de no corregirse, hará insostenible el sistema, que requiere como mínimo de 2,5 cotizantes por cada pensionista o pasivo para mantenerse a flote. Este escenario financiero y social, dramático pero lamentablemente realista, está presente ya en 13 provincias españolas, que disponen solo de 1,5 cotizantes o menos por cada prestación de vejez, viudedad o invalidez. Se trata de territorios envejecidos y empobrecidos, con menos futuro económico que el resto de España, donde hay provincias que superan el ratio de 2,5 cotizantes por pensionista, como es el caso de Madrid (2,75).

Pese a esa heterogeneidad geográfica en términos de sostenibilidad, España en su conjunto cuenta actualmente con 1,95 cotizantes por cada pensionista, una proporción insuficiente para alimentar el equilibrio presupuestario del sistema. Se trata de un problema que no es nuevo, como tampoco es nueva la falta de voluntad política para resolverlo. La última prueba hasta el momento es la propuesta de reforma de la Seguridad Social enviada por el Gobierno a Bruselas, que se limita a proponer simples ajustes técnicos que cambian partidas de gastos de lugar y proporciona como mucho una pequeña bocanada de aire, pero que no afronta el problema de insuficiencia financiera que arrastra la caja de la protección social española.

Para poner remedio a esa bomba de relojería que está presente ya en parte del país, es necesario actuar en tres frentes y hacerlo de forma inequívoca y decidida. El primero pasa por la reforma del propio sistema con medidas, como la recuperación del factor de sostenibilidad, que sean realmente eficaces para sanearlo financieramente. El segundo exige una política de empleo flexible, que permita aumentar la fuerza laboral española en los próximos años y haga frente de forma inmediata al desequilibrio actual entre cotizantes y pensionistas, mientras el tercero pasa por un apoyo sensato, racional y exento de prejuicios ideológicos al aumento de la natalidad, que permita plantar cara al envejecimiento de la población y sentar las bases del futuro.