Opciones de gasto e inversión para dar satisfacción al ahorro acumulado

Con los recursos acumulados no disponibles para el consumo, conviene apostar una parte creciente a la inversión con riesgo a más largo plazo

La incorporación de España al euro en 1998 cambió los paradigmas sagrados del ahorro y la inversión. Adentrarse en una economía de inflación y tipos de interés germánicos, radicalmente alejados de los hispánicos, suponía que los ahorradores tradicionales iban a ver mermada la retribución tradicional de sus depósitos, y que las generaciones más jóvenes que precisaran recursos ajenos para cubrir sus necesidades de inversión tendrían un alivio en sus facturas. Malos tiempos para el ahorro, buenos tiempos para la inversión, por tanto. Pero nadie imaginaba entonces que andando los años la economía europea iba a escorarse desde los pilares germánicos a los propios de la japonización, en los que el riesgo sería la deflación y los tipos en el cero por ciento o negativos la herramienta para combatirla. Encadenar cuasi sin interregnos dos crisis de envergadura desconocida ha convertido en estructural una manera de entender y ejecutar las políticas monetarias y fiscales que mantendrán los tipos de interés planos durante muchos años, lo que obliga a ahorradores e inversores, así como a la banca, a repensar estrategias.

En España los hogares tienen aproximadamente dos billones de euros de activos financieros, de los que la mitad pueden considerarse activos y la mitad, pasivos. Y en los últimos años, precisamente por la presión insoportable de los tipos planos, se ha producido un lento desplazamiento del ahorro pasivo que no remunera al ahorro activo o inversión con cierto grado de riesgo. Pero no es menos cierto que en el último año, consecuencia directa de la crisis súbita del Covid, el ahorro precautorio ha elevado los depósitos pese a la pérdida de empleo y de renta de cientos de miles de españoles. Ofrecer una salida a ese ahorro una vez se despeje la niebla de la crisis, con un riesgo controlado, es la estrategia que trata de explotar el intermediario financiero tradicional, la banca, tanto con oferta renovada de fondos, hipotecas o depósitos a plazo, como de crédito para el consumo.

Tiene lógica pensar que habrá una explosión del consumo cuando la vacunación haya devuelto la confianza a la gente y se recupere la movilidad y poco a poco el empleo que la crisis mantiene en vilo. Pero en cuanto a la actitud con los recursos acumulados no disponibles para el consumo, conviene apostar una parte creciente a la inversión con riesgo, adaptando este a la edad y las expectativas de cada uno, y trabajando más con calendarios de largo plazo que de inmediatez. Para ello las herramientas del mercado son abundantes, desde empresas de crecimiento en tecnología o transformación del modelo productivo hasta sólidas empresas cíclicas con razonables dividendos, e incluso escogiendo bonos de corporaciones saneadas para esquivar la nula rentabilidad de la deuda soberana.