La recuperación europea también está en manos de los artesanos

La pandemia ha impulsado un consumo más responsable y ha hecho que se valoren más los productos hechos a mano

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GETTY IMAGES

El mundo del lujo tiende a ser más resiliente ante las crisis económicas. La mayor estabilidad financiera de sus consumidores hace que puedan recuperarse más rápido que otras industrias. En el momento actual, esto pasa por una alta gama que ponga la artesanía en el centro, pues el estilo de vida más consciente y sostenible que ha desembocado la pandemia casa muy bien con estos valores. Pero no todo está conseguido, los oficios, al igual que el resto de sectores, deben afrontar grandes retos para adaptarse a los nuevos tiempos. Si se hace bien, los expertos aseguran que pueden ser uno de los motores de la recuperación en Europa.

Para el sociólogo y portavoz del Centro Superior de Diseño de Moda (CSDMM) de la Universidad Politécnica, Pedro Mansilla, hay una estrecha relación entre la artesanía y las crisis, vinculada sobre todo al mundo de la alta gama. “En los momentos de depresión económica, el lujo busca una legitimación y descubre que una de las formas de hacerse perdonar es la artesanía”, justifica el experto en relación al trabajo y al cuidado que hay detrás de cada uno de estos productos.

Una idea con la que coincide Silvia Soler, profesora de Isem Fashion Business School, quien trabajó 15 años para Loewe. “El made in Europe tiene una gran parte de realidad detrás, que se traduce en que las condiciones de los trabajadores son mejores, y en un producto mucho más cuidado”, apunta. Más allá de esto, esta industria también ha cumplido tradicionalmente conceptos que ahora están tan en boga como es la sostenibilidad: “Que no se deje una gran huella detrás, que no haya excesos ni producciones masivas, sino que todo se haga con responsabilidad”, resume la portavoz de Isem.

Aunque la estima hacia la artesanía ya estaba eclosionando antes de la pandemia, el Covid-19 ha contribuido a que las cosas se valoren más que antes, no solo en términos de calidad, sino también porque el confinamiento ha provocado que las personas presten más atención al interior de sus hogares y a los artículos con los que se relacionan. Así lo cree el director ejecutivo de Michelangelo Foundation, Alberto Cavalli, quien, aunque reconoce que la crisis ha afectado a las empresas artesanas, no cree que vayan a desaparecer más oficios, sino todo lo contrario: “Siento que la capacidad de resistencia de los maestros artesanos se verá recompensada porque se está difundiendo una nueva mentalidad. Estoy seguro de que tras la soledad y la incertidumbre del año pasado, la gente comprenderá lo importante que es la relación humana en todo lo que hacemos y, por tanto, valorará con más intensidad el trabajo de los maestros artesanos”.

El fundador del colectivo Craftsmen United y de la empresa de encuadernación Mille-Feuille, Antoine Valton, va un paso más allá y defiende que la artesanía podría ser una baza para Europa en la reconstrucción tras la crisis. “Los europeos ya no somos competitivos en materia de industria porque la hemos deslocalizado. Lo que nos queda es el buen gusto y los siglos de historia que el resto no tienen. Si no podemos producir productos de gama media porque se hacen más barato en otros puntos, hagamos lujo, que es lo que mejor se nos da. Lo que nos queda es especializarnos en lo más alto de gama”, expone.

Si no podemos fabricar productos de gama media porque se hacen más baratos en otras geografías, hagamos lujo, que es lo que mejor se nos da

Antoine Valton, fundador de Craftsmen United

Digitalización

El Covid-19 ha transformado todas las industrias, lo que supone un desafío para los artesanos que deben competir en un entorno global, reconoce la directora de Innovarte, Margarita Crespo. Pero las nuevas herramientas permiten que las pequeñas marcas lleguen a una audiencia mayor, de modo que tienen mucho camino por delante. “A lo largo de la historia, la artesanía ha sobrevivido a cuantas innovaciones han modificado la forma de producir”, concluye.

También lo ve así Mansilla, quien defiende que “el destino de Europa depende de que vuelva a ser productor de artesanía a nivel mundial”. El sociólogo vaticina, además, una nueva división social del trabajo: “La punta de lanza de la tecnología ha sido desplazada a Estados Unidos y Asia, pero a Europa le queda su turismo de calidad”, apunta. Una industria que, además, trasciende incluso el ámbito de las compras, pues cuando este perfil de turista viaja aprovecha también para descubrir los mejores restaurantes, contratar el mejor transporte... “La verdadera satisfacción del cliente es ver que se puede llevar todo ese valor añadido. Ese es el motor del lujo”, resume.

En el caso de España, uno de los puntos fuertes es el patrimonio histórico, según recuerda la fundadora de Ábbatte y presidenta de SACo (Sociedad de Artesanía Contemporánea), Elena Goded: “La artesanía ayuda a valorar un patrimonio histórico intangible como son los oficios”. Este legado es una base sólida sobre la que asentar la industria, pues no se valora solo a nivel local, sino que también es un reclamo internacional, pero no a cualquier precio. “Si queremos que la artesanía sea útil como motor económico, algo que atraiga al turismo de calidad, es imprescindible que sea alta artesanía y que cuente con un diseño contemporáneo”, prosigue la responsable de SACo, quien insiste en diferenciar estas creaciones de las que se pueden encontrar en los mercadillos medievales.

La experta también llama a la honestidad en el concepto de hecho a mano, en el que pide que se incluya solo lo que cuenta con un alto porcentaje de trabajo manual y no solo aquello que está rematado de esta forma. De hecho, Soler, en colaboración con SACo, ha creado un instrumento de valoración que mide el porcentaje de trabajo artesano en cada uno de los procesos de creación y, si no se supera el 75%, no se puede considerar artesano. “El turismo cultural de alto nivel va a ir a ver una cosa que sea veraz, por eso esos son los valores que queremos plantear”, apoya Goded.

También Soler trae a colación la idea de que para sobrevivir, los artesanos y las creaciones deben adaptarse a los nuevos tiempos, lo que pasa por diseños más actuales. “El producto tiene que ser atractivo y responder a lo que los consumidores quieren usar en ese momento. A veces, se olvida este punto”, recuerda la profesora de Isem.

En este sentido, Valton defiende que “la artesanía española despierta mucho interés en el exterior porque tiene mucha identidad”, pero que, para potenciarla, debería ser una cuestión de Estado. “En países como Francia y Reino Unido es una fuente de riqueza porque es una competencia nacional, están muy concienciados de que los bienes culturales impactan en el PIB y que son activos muy importantes a cuidar, como el vino o el lujo”, desarrolla el emprendedor.

Cuando la artesanía recibe impulsos, sí que se percibe cierta rehabilitación de los oficios, comenta Goded, quien ve paralelismos con lo que sucedió en el plano gastronómico hace ya unos años. “Nos situó a otro nivel y ahora hay mucha gente que se forma en gastronomía. Esto está comenzando a pasar ahora con la artesanía”, apunta.

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