Europa debe solventar la crisis de confianza en las vacunas

El ritmo de vacunación está acusando esta cadena de infortunios e ineficiencias, y esa ralentización lastrará el despegue de la recuperación económica

La gestión de las vacunas contra el Covid-19 en la UE se ha convertido en un motivo creciente de sobresaltos, desconcierto y desconfianza para la ciudadanía europea, así como en una fuente de crítica y malestar por el desempeño de los gobiernos y las instituciones en esta crisis sanitaria. El anuncio de que la farmacéutica Pfizer entregará en abril a Bruselas 50 millones de dosis de su vacuna, como adelanto del montante que tenía comprometido para 2021, neutralizó ayer en parte el golpe provocado por el retraso en el suministro de la vacuna de Janssen, que ha sido paralizada cautelarmente tras la aparición de casos de trombosis en Estados Unidos. En total, Pfizer-BioNTech entregará ya este trimestre 250 millones de dosis a la UE, de las cuales 25 millones corresponden a España. La farmacéutica ha asegurado a la Comisión Europea que tiene capacidad de suministrar ese cantidad y suplir así parte de los rotos provocados por los problemas generados en torno a las vacunas de AstraZeneca y Janssen. Como un episodio más de esta aparente ceremonia de confusión, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aseguró ayer que emitirá una recomendación sobre la vacuna de Janssen la próxima semana y subrayó que, aunque su investigación sobre los casos de coagulación sanguínea sigue en marcha, “mantiene la opinión” de que los beneficios de la vacuna superan sus riesgos.

Más allá de que el ritmo de la vacunación en Europa está acusando esta cadena de infortunios e ineficiencias, y de que esa ralentización lastrará a su vez el despegue de la recuperación económica, el gran riesgo de la crisis de las vacunas es la pérdida de confianza de los europeos en su eficiencia y el inevitable aumento de la reticencia ciudadana a la inmunización. Buena parte de esa desconfianza responde a datos objetivos, los mismos que han motivado las decisiones de la EMA y de la FDA , pero también al peligroso clima de ineficiencia e inseguridad que está generando la gestión de las autoridades europeas.

El éxito en las campañas de inmunización o, en su caso, la aprobación de un tratamiento efectivo contra el Covid-19 no solo es la mejor política sanitaria contra esta pandemia, sino también la política económica más eficaz que pueden aplicar los gobiernos europeos, porque de ella depende la normalización de las condiciones de vida de los ciudadanos y de actividad de las empresas. Pero para avanzar hacia ese objetivo es imprescindible cerrar con eficacia y responsabilidad la crisis de seguridad sanitaria generada en torno a AstraZeneca y Janssen, y ofrecer a los ciudadanos europeos razones suficientes como para recuperar la confianza en las vacunas.