Entre los bares de Ayuso y la médico de Más Madrid

Un ticket Gabilondo-Mónica García captaría voto de Ciudadanos cabreado con la gestión del Covid y culminaría la dimisión en diferido de Iglesias

El improperio lanzado por el diputado del PP Carmelo Romero a Íñigo Errejón sonó a arranque de campaña electoral de Madrid. El líder de Más Madrid había hecho una pregunta amable, cómplice, al presidente del Gobierno, en la sesión de control de los miércoles en el Congreso de los Diputados. La respuesta fue connivencia en el Gobierno y un exabrupto en la bancada Popular: “vete al médico”. Minutos después, Pablo Iglesias y Teodoro García Egea se rebozaban en el barrillo tránsfuga.

Este va ser el tono del mes y medio de campaña electoral que queda hasta que la noche del 4 de mayo sepamos si la Comunidad de Madrid va a ser gobernada por un tripartito de izquierdas o por la derecha más descarada. Cualquier opción garantiza dos años de mucha adrenalina.

Si Ángel Gabilondo tiene que aguantar a Pablo Iglesias en su Gobierno, se aprenderá de memoria todos los ansiolíticos que Errejón recitó en el Congreso. Lo más probable, según las encuestas, es que el mando en el Palacio de la Puerta del Sol lo tenga el dúo de la bencina: Isabel Díaz Ayuso y Rocío Monasterio.

Estamos en unas elecciones en tiempos de pandemia y justamente la insólita gestión del Covid por parte de Isabel Díaz Ayuso es lo que suscita mayor controversia. Ha aplicado las restricciones más laxas de Europa, con el deliberado y argumentado objetivo de dar prioridad a la actividad económica. Su flexibilidad con el virus ha supuesto la creación del turismo internacional de terrazas en tiempos de pandemia. No sorprende, por tanto, que Ayuso se haya convertido en la patrona del gremio de hoteles, restaurantes y cafeterías (Horeca), donde hay mucho votante, trabajador y consumidor.

La gestión pandémica de Ayuso no la entienden sus colegas de Galicia (Núñez Feijóo), Andalucía (Moreno Bonilla) o Castilla y León (Fernández Mañueco). De ahí los cierres perimetrales. Ni tampoco Boris Johnson (UK), Ángela Merkel (Alemania) o Emmanuel Macron (Francia). No está claro si el diferente comportamiento es cuestión de edad o de experiencia personal con el Covid. Ayuso lo pasó invitada en un apartahotel del empresario Kike Sarasola y Boris Johnson en un hospital. Una salió con más Horeca y el otro con más sanidad y renegando de la estrategia de su amigo Donald Trump: mala suerte para el que lo pille.

Por eso Íñigo Errejón quiere poner encima de la mesa la sanidad pública. Sabe que Ayuso es Dios entre los camareros y el demonio entre los sanitarios. Cuantos más negocios abiertos, más trabajo también para ambulatorios y hospitales y más fallecidos. Es lo que tiene creer que hay dilema entre economía y salud.

Más Madrid tiene el mejor argumento para confrontar con Ayuso. Es su cabeza de lista, Mónica García, médico en activo del Hospital 12 de Octubre, que emergió como líder de la oposición gracias a una credibilidad irrefutable cuando se habla de sanidad pública. Se ha convertido en el perro de presa de la rumbosa Ayuso.

El problema de la izquierda es que necesita de todo y en una campaña de confrontación, la bonhomía de Ángel Gabilondo viaja mal. Su figura habría crecido, como la de Salvador Illa si la pandemia le coge gobernando. Pero el destino le colocó al frente de la oposición y el cuerpo le pedía agachar la cabeza para leer palabras de largo alcance y vuelo corto. Los filósofos Illa y Gabilondo son trabajadores de la palabra y la empatía. No se ven con guantes de boxeo escribiendo guiones de Netflix.

Por eso, quizás lo más eficaz para la izquierda fuera que el PSOE pacte con Más Madrid integrar candidaturas. Ángel Gabilondo y Mónica García son complementarios, se mejoran y su unión pone en su sitio a Pablo Iglesias. Si los socialistas llevaran a Mónica García como vicepresidenta y consejera de sanidad, los sanitarios y pacientes entenderían que van a por todas y que su opción es la vida, no la bolsa.

Ese es el ticket si quieren pescar en los 625.000 votos (26 diputados) que cosechó Ciudadanos en las últimas autonómicas o 325.000 de las generales de noviembre de 2019. La moción de censura quería llevarse los diputados naranjas y las elecciones los votos. Para detener la sangría y evitar la desaparición de la Asamblea de Madrid, el mejor remedio que tiene Inés Arrimadas es convencer a Begoña Villacís de que “haga un Iglesias” y sacrifique su vicealcaldía capitalina para salvar a Ciudadanos. Las encuestas les dan por muertos con Ignacio Aguado, pero si el 4 de mayo suman diputados, seguramente serán quienes inclinen el fiel de la balanza.

Los otros elementos clave en la suma a izquierda y derecha son el inesperado Pablo Iglesias y la inefable Rocío Monasterio. Dos histriones con un lenguaje corporal que amedranta. Iglesias es el político que más grita cuanto más bajo habla, mastica tanto las palabras que las hace daño. Monasterio, en cambio, es la sonrisa asesina. Maneja como nadie la disociación entre música y letra; si le quitas el sonido, reza, si lo subes, brama.

El 5 de mayo tendremos el recuento de cadáveres de Madrid, epicentro del terremoto de Murcia. Pablo Iglesias se teme lo peor y por eso está protagonizando una dimisión en diferido. De vicepresidente y ministro de España pasa a ser candidato a diputado y vicepresidente autonómico, en el mejor de los casos. Ni siquiera se presentará a las próximas generales. El político asambleario va dejando todo atado y bien atado y sin preguntar a nadie. Empezó su carrera política en el Parlamento Europeo en 2015, después vino al de España y ahora oposita al de Madrid. Lo siguiente es el ayuntamiento de Galapagar. Nada hubiera sido posible sin la mano de Don Teodoro, su alter ego en la Carrera de San Jerónimo.

 Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense