Japón y España en el Gran Reseteo

Las empresas necesitan potenciar los puentes construidos sobre la innovación y la tecnología

Los vínculos entre Japón y España han sido constantes desde el siglo XVII, y nos sitúan como uno de los países occidentales cuyas relaciones con Japón se remontan más en el tiempo. Además, existe un creciente interés mutuo por la cultura y la sociedad. Prueba de ello es que en 2019 visitaron España un 25,9% más de turistas japoneses que en 2018, y las visitas de turistas españoles a Japón crecieron también un 15%. Sin embargo, queda mucho por recorrer en las relaciones empresariales.

Durante el quinquenio hasta 2018, la inversión directa que Japón ha realizado en España es de 588 millones de dólares de media anual, un 1,2% de lo invertido por Japón en la UE, que coloca Japón como el duodécimo país según stock de capital extranjero en España. Por otro lado, en todo el decenio hasta 2019, España invirtió en Japón 22 millones de dólares, un 0,05% del total invertido en Japón por Europa occidental. Estos datos apenas mejoran, pese al esfuerzo de las instituciones públicas y privadas de ambos países por impulsar acciones como el Japan-Spain Innovation Program en 2008, para promover el desarrollo tecnológico, o el acuerdo de cooperación científica (MoU) entre la Secretaría de Estado de Investigación y Desarrollo e Innovación del Gobierno de España y la Japan Agency for Medical Research and Development en 2017. Iniciativas muy prometedoras, pero que por ahora apenas producen impacto sobre la inversión extranjera directa de cada país.

Esta situación inquieta si pensamos en los beneficios que podrían obtener ambas economías. Las empresas españolas lideran mundialmente sectores como el de las infraestructuras y obras públicas, el almacenamiento de las energías renovables y la salud; Japón, por su parte, es el sexto país por stock acumulado de inversión en el exterior, líder en innovación, que en 2018 invirtió el 3,5% de su PIB anual en investigación y tecnología. Nuevas alianzas entre ambos países reportarían grandes ventajas para el desarrollo a medio y largo plazo de sus estructuras empresariales. En este sentido, deben ser las propias empresas quienes canalicen y lideren la inversión que provocará el cambio.

Actualmente encontramos proyectos que buscan estrechar lazos entre el tejido empresarial de ambos países, basándose en la innovación y la tecnología. Por ejemplo, la inversión realizada por Gestamp hace dos años en la apertura de su primera planta de producción en Japón. Otros proyectos como la inversión realizada por el grupo japonés AGC Pharma Chemicals Europe en Cataluña, para ampliar su fábrica de principios activos y crear un centro I+D; o el desarrollo de la primera cámara óptica miniaturizada en colaboración con la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón para observar la Tierra desde la Estación Espacial Internacional, desarrollada por la empresa vasca Satlantis. Proyectos como estos son un ejemplo del potencial y los beneficios de colaborar y aprovechar las ventajas competitivas que pueden alcanzarse entre empresas líderes en innovación y tecnología de ambos países.

Jorge Lasheras es presidente del Círculo Empresarial Japón-España