El ‘ecommerce’ se enfrenta a las reglas fiscales del pos-Brexit

El acuerdo entre Londres y Bruselas suprime aranceles bajo ciertos requisitos de origen

Pero el IVA debe ser pagado en la aduana por el cliente, salvo que el vendedor ya lo haya cobrado

Fashionable Asia
Javier Bello y Mónica Maurici, dueños de Fashionable Asia, a la orilla del Támesis en Londres.

Mónica Maurici y Javier Bello, fundadores de Fashio­nable Asia, una tienda online de cosmética y moda asiática con sede en Londres, celebraron la Navidad con el alivio de que la Unión Europea y el Reino Unido habían llegado a un arreglo esa misma tarde para mantener el libre intercambio de bienes después del 31 de diciembre, cuando finalizaba el periodo de transición del Brexit.

Pero el Día de Reyes se enteraron de que sus paquetes con destino España se habían quedado bloqueados en la frontera.

Los socios se pasaron los primeros días de 2021 contestando llamadas y correos de sus frustrados clientes. “Todo nuestro modelo financiero y logístico se vio derribado de un plumazo”, resumió Maurici en el blog de la tienda semanas después.

La compañía suspendió sus operaciones dos meses y medio para averiguar qué habían pasado por alto en la letra pequeña del tratado y cómo podían resolverlo. Por fin, esta semana han restablecido sus envíos, aunque con una logística totalmente diferente.

Según las reglas de origen acordadas por Bruselas y Londres, para que un bien quede libre de aranceles al cruzar el canal de la Mancha tiene que haber sido producido en alguno de los dos territorios sujetos al pacto al menos el 50% de su composición.

Si bien Fashionable Asia exporta cosméticos coreanos, se ha salvado de esa obligación gracias a otro tratado entre la UE y Corea del Sur que también exime del pago a esa partida. Así que, en ese aspecto, han tenido suerte.

El problema con el que se encontraron es que tenían que pagar a la aduana británica el IVA y los gastos en los que esta incurriría por la gestión de su cobro, un pequeño gran detalle administrativo con el que muchos negocios no contaban y que en los primeros compases de la era pos-Brexit ha causado más de un disgusto a ambos lados de la frontera.

Lookiero critica la falta
de información sobre
los procedimientos a seguir

“La información que se ofrece sobre todo este proceso es relativamente escasa y confusa”, dice Nahikari Gómez, directora de operaciones de Lookiero, firma de personal shopper.

“Los controles son ahora más estrictos y las empresas se quejan de trámites que antes no eran necesarios, al punto que algunos minoristas online han decidido no realizar más envíos”, corrobora Noelia Lázaro, directora de marketing del portal de paquetería Packlink. “Aparte, las agencias de transporte como DHL o UPS están aplicando cargos adicionales por las gestiones burocráticas a las que tienen que hacer frente”, añade.

Aduanas Brexit
Camiones forman cola en el control fronterizo del puerto de Dover tras haber atravesado el canal de la Mancha. Reuters

Lázaro reporta que en enero y febrero se han producido demoras ocasionadas por la falta de facturas y otra documentación. Esto ha provocado que la mercadería se quedase retenida en la aduana o incluso que fuese devuelta, con los consiguientes sobrecostes. No obstante, cree que los incidentes han sido puntuales y que, poco a poco, los comercios electrónicos se van a ir acostumbrando a la nueva realidad.

Nuevas reglas fiscales

Al dejar de considerarse operación intracomunitaria, la importación de un artículo procedente del Reino Unido obliga al cliente en la UE a liquidar el IVA en la aduana, salvo que el vendedor ya lo haya cobrado, para lo cual hace falta utilizar cierto incoterm, un código de tres letras que aclara los costes que este asume. “Ahí es donde sale a relucir la diferencia entre ser un negocio grande o pequeño”, advierte Bello, de Fashionable Asia.

“El software de proveedores de transporte como Royal Mail o DHL da la posibilidad de añadir incoterms cuando envías 200-300 paquetes mensuales, pero no si se trata de cantidades pequeñas”, explica.

En cualquier caso, por una remesa que valía 100 euros, acababan pagando 50 en IVA y gastos asociados. Pero fuera de ese sobrecoste y papeleo, quizá el mayor embrollo ha sido la pérdida de licencias para distribuir en la UE determinados productos, entre ellos, los de belleza. “Antes la teníamos por estar dentro de la UE, ahora no. Eso nos rompió todo el esquema”, señala Bello.

Fashionable Asia ha tenido que trasladar su logística de la capital británica a Madrid

Obtener esa licencia implica someter muestras de cada artículo a test de laboratorio, un coste que un negocio pequeño no se puede permitir. Fashionable Asia optó por lo más fácil, que ha sido cambiar a sus importadores británicos por otros comunitarios que ya cuentan con la autorización.

Además, han contratado un almacén en Madrid que ahora se encarga de repartir los pedidos de clientes en España y la UE. De esta forma, además, el IVA se paga aquí y se evitan las formalidades aduaneras.

El coste de la adaptación

Bello confiesa que encontrar el almacén no fue sencillo porque la mayoría les pedía volumen e incluso Amazon, que presta este servicio, ignoró sus mensajes, pero al final consiguieron uno y resultó la mejor solución porque “de cinco a seis días que estábamos tardando en entregar los paquetes, volvimos a hacerlo en 48 horas”. El coste de la adaptación, eso sí, “ha sido dos meses y medio sin facturar”, puesto que la UE, básicamente España, significa el 90% de sus ventas.

Las cifras

574.779 transacciones efectuaron consumidores británicos en webs españolas en el segundo trimestre de 2020, primer periodo del que se disponen datos específicos de esta índole. Esta cantidad es similar a las que se realizaron desde América Latina (549.042).

81,8 millones de euros es el valor al que ascendieron
las compras británicas en plataformas de España. Este volumen es el más alto por país, por delante de Estados Unidos, segundo con 49,8 millones.

2.600 millones es el valor de los 64 millones de compras españolas en sitios de Reino Unido entre abril y junio de 2020. Este monto es el 60% de los 4.300 millones registrados con la UE en ese trimestre.

Reino Unido no es un mercado del que resulte fácil prescindir para los ecommerces españoles. Entre abril y junio de 2020 se concretaron 574.779 ventas allí por valor de 81,8 millones de euros, importe que supone el 7,7% del total con el exterior y el 14% con la UE, según las primeras estadísticas de la CNMC que ofrecen datos desagregados de ese socio comercial. Es, por tanto, el primer país por facturación, a gran distancia del segundo, Estados Unidos, con 49,8 millones de euros, el 4,7% del total.

“El mercado británico es tres veces más grande que el español”, apunta Lázaro, de Packlink. En su caso, es el destino del 12% de los paquetes al extranjero que vendedores nacionales envían a través de su portal. “La principal ventaja que teníamos las webs europeas frente a nuestras rivales de China o EE UU es que nuestros plazos de entrega eran más cortos, es decir, que la experiencia de compra para el usuario era mejor. Eso se ha perdido debido a los papeleos”, lamenta.

Todo el desconcierto inicial ha dejado la impresión de que el pacto anunciado la víspera de Nochebuena, tras un año de arduas negociaciones, no ha sido satisfactorio. “No es tan beneficioso para el ecommerce como parecía en un primer momento. Los comercios tendrán que justificar el origen de sus mercancías y demostrar que no provienen de terceros países si quieren beneficiarse de la exoneración arancelaria, aparte de los gastos extra derivados de las diligencias burocráticas”, insiste Lázaro.

No habrá renegociación

“En sí mismo no es del todo malo, siempre es peor que no exista nada en absoluto”, valoran, por su parte, desde Adigital, organización empresarial que impulsa la digitalización de la economía española.

La asociación celebró la semana pasada un webinario en el que Aitor Montesa, negociador del capítulo de servicios del tratado, aclaró que la idea que circula en ciertos ámbitos de que en los próximos meses o años el texto será perfeccionado para atar flecos sueltos es errónea. “Este es el acuerdo comercial, no habrá otro”, recalcó tajante.

“Lo que sí habrá es una serie de decisiones que Bruselas tomará de manera autónoma en base a la legislación europea sobre si la normativa británica es lo suficientemente garantista en materia de protección de datos o servicios financieros como para permitir que estos se puedan exportar o prestar desde allá”, precisó.

El flujo de datos es un tema sensible para el sector porque las transacciones electrónicas requieren que la información personal de los clientes en España (nombre, dirección, email) sea facilitada a proveedores de logística o medios de pago en Reino Unido para que la compraventa sea posible o para gestionar la garantía si un producto resulta defectuoso y ha sido fabricado al otro lado del canal.

Bruselas se ha dado un plazo de seis meses para determinar si la normativa británica de protección de la privacidad es equivalente a la europea. Hasta entonces, se mantiene la libre transferencia de ficheros. En Adigital dan por seguro que en breve la UE se declarará conforme al respecto y el tema “no planteará muchos problemas, más allá de los habituales”.

Otros efectos más allá de los cambios fiscales

Poder adquisitivo. Fuera de los aspectos legales, Adigital apunta que una consecuencia que ha tenido el Brexit es la bajada de la libra, por lo que la capacidad de compra de los británicos en los ecommerces europeos ha disminuido. El nivel de penetración del comercio online en la población es del 88%, con un gasto medio anual por consumidor de 3.254 euros, de acuerdo con un informe publicado por Icex en junio de 2020.

Menos rivales. Pero no a todos les han venido mal los pagos en aduanas. En Mifarma destacan que, gracias a estos, muchos competidores han dejado de atender Reino Unido, “por lo que nos hemos encontrado con un mercado más atractivo y menos competitivo para nosotros”, resalta Ernesto Martín, director general en el sur de Europa de Atida, matriz de la parafarmacia online albaceteña desde que a finales de 2019 la comprara el fondo de inversión británico Marcol. De hecho, asegura que en enero y febrero sus ventas al país han crecido de manera exponencial.

Adiós regalos. Mifarma ha adaptado su operativa a la nueva normativa pos-Brexit y ha paralizado cualquier promoción del tipo “llévese 2 y pague 1”, ya que el pacto prohíbe los regalos o descuentos. “Todos los productos de un pedido deben suponer un valor económico y estar pagados por el cliente previamente”, abunda Martín.

Lookiero. La firma de personal shopper también se ha adecuado al nuevo marco normativo y ha optimizado sus envíos a Reino Unido desde su centro logístico en Bizkaia, que ahora tardan siete días. Piden mayor claridad en los procedimientos a seguir para llevar a cabo las declaraciones de aduanas.

Wallbox. Hay otras empresas que han hecho el camino inverso para poder seguir atendiendo con normalidad los pedidos de sus clientes británicos. Es el caso del fabricante barcelonés de cargadores eléctricos Wallbox, que estableció con antelación al final del periodo de transición una subsidiaria que les permite operar sin ningún problema dentro de las islas. De esta forma han evitado retrasos de 10 días en las entregas por transporte terrestre o de más de tres en un envío aéreo exprés.

Almacén en Birmingham. Posteriormente decidieron tercerizar su logística con la contratación de un almacén en la zona de Birmingham. "Este modelo hace que nuestro coste, aun siendo superior, ya que tenemos más puntos intermedios, manipulación, carga y descarga, tenga menor impacto en nuestro producto", asegura Oriol Riba, director de operaciones de Wallbox. Reino Unido constituye su tercer mercado por ingresos en 2020 y el segundo en lo que va de 2021.

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