PSOE y PP pactan devorar a sus hijos

Primero apuntillar a Ciudadanos y repartirse el botín naranja en Andalucía (comicios en 2022), luego, debilitar a los extremos

El resultado de las elecciones catalanas está teniendo una enorme onda expansiva. A escala regional, va camino de producir otra legislatura frustrada. Con prismáticos más largos, se ve al PSOE disfrutando otra gran victoria inútil y al PP noqueado. El mejor resumen lo hizo Alberto Núñez Feijóo cuando dijo: lo malo no es perder un diputado en Cataluña, es no ganar ni uno de los 30 que ha perdido Ciudadanos. Está la clave: ¿quién se va a llevar el botín de Ciudadanos en el resto de comunidades y ayuntamientos?

Quizás el análisis de los resultados de las catalanas, además de la necesidad de pactar la renovación del CGPJ y del consejo de RTVE, esté detrás del cambio de actitud de Pedro Sánchez y Pablo Casado. Hace cuatro semanas, antes de las elecciones de Cataluña, el presidente del Gobierno hizo una alabanza insólita al líder de Vox, Santiago Abascal, a la vez que descalificaba a Casado. Todo por cómo votaron el real decreto para la ejecución de las ayudas europeas para el Plan de Recuperación. Sin embargo, en el pleno de este miércoles Sánchez parecía tener más química con Casado que con Iglesias.

Han pasado dos semanas desde las elecciones catalanas y Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) sigue deshojando la margarita entre más procés o una alianza de izquierdas con agenda económica y social muy fuerte. Los propios republicanos están divididos, aunque va ganando la opción indepe, pero con la cara de Pere Aragonès (ERC) en lugar de Quim Torra (Junts per Catalunya).

El hecho de que haya alternativas ha disparado las presiones. Los políticos presos y fugados se han convertido en la gran coartada para renovar el matrimonio independentista. Pero también se están produciendo compañías inimaginables hace nada. Quién iba a imaginar que la patronal catalana, Foment del Treball, sería uno los valedores del tripartito rojo, de un gobierno de ERC, PSC y Podemos. Esto solo da idea del miedo económico que les da seguir con la ensoñación de una independencia que ni tiene apoyo suficiente, ni se puede aprobar sin el parlamento español.

En esta misma línea, aunque por razones diferentes, se mostraba esta semana, el Grupo Pròlog, integrado por personas vinculadas al catalanismo de izquierdas de PSC y la antigua Iniciativa Per Catalunya. Este colectivo firmaba un artículo en El País apostando por un gobierno de izquierdas, para lo que hay diferentes fórmulas, incluido que el PSC apoye desde fuera a un gobierno de ERC y En Comú Podem. El PSC, pese a haber ganado, tendría que asumir en Cataluña el mismo papel que ERC hace en Madrid.

Pero todo esto puede quedarse en jugadas de ajedrez. Hoy lo más probable es un gobierno independentista presidido por ERC, un escenario endemoniado para el PSC-PSOE. Los socialistas catalanes se verían en la tesitura de Ciudadanos en 2017, pero con el agravante de que ni siquiera podrían hacer una oposición fuerte en Cataluña, puesto que necesitan los votos de ERC en la Carrera de San Jerónimo.

Extrapolar los resultados de Cataluña al resto de España es exagerado, en la medida que más de la mitad de los partidos únicamente se presentan allí, pero sí se pueden sacar algunas enseñanzas. La más clara es que ni al PSOE y ni al PP les conviene nada la pléyade de organizaciones que han surgido en su espectro.

El PSC fue el partido más votado, con un 23% de los sufragios. Una victoria pírrica, puesto que, aun siendo su mejor resultado desde 2010, está muy lejos del apoyo que tuvo durante más de dos décadas (1984-2006). En 1999, se llevó el 37,8% de los votos. La causa de esta evolución tiene poco que ver con la evolución de En Comú-Podem, organización heredera de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), y más con el crecimiento de ERC y de Ciudadanos. De hecho, los dos peores resultados de la historia del PSC (2015 y 2017) coinciden con los mejores de Ciudadanos.

En el resto de España, el trasvase desde Ciudadanos al PP es más evidente que al PSOE, pero cuidado con Andalucía, que es precisamente la próxima estación electoral, a la que se llegará en diciembre de 2022, como tarde. El PP de Juan Manuel Moreno, pese a que obtuvo un malísimo resultado, gobierna en Andalucía en coalición con Ciudadanos y con el voto externo de Vox. El PSOE, que perdió 14 diputados en 2018, no olvida que se vio desalojado del gobierno andaluz por los votos que se fueron a Ciudadanos, que ganó 12 escaños.

Los dos grandes partidos rumian los resultados catalanes para preparar Andalucía. La apuesta es que Pedro Sánchez mandará a la ministra María Jesús Montero, la portavoz del Gobierno, de candidata en sustitución de la amortizada Susana Díaz. Mientras, Juanma Moreno, va bordando el carnet del PP a Juan Marín, su vicepresidente de Ciudadanos. La batalla está en quién se lleva los 21 diputados de Ciudadanos.

El PSOE y el PP se necesitan y España, que dirían los políticos clásicos, también. Ven a Ciudadanos zombi, camino de UPyD, y quieren repartirse el botín naranja sin que Vox ni Podemos entren en el reparto. ¡Que no se repita lo de Cataluña!

Si Pedro Sánchez tiene el sentido de Estado que reclama a los demás, se habrá dado cuenta de que se acabó el tiempo de dar cuerda a Vox para perjudicar al PP. Ahí hay poco que sacar. Su operación está en el otro extremo.

El espectáculo diario del Gobierno de coalición, con Pablo Iglesias enmendando a Moncloa no durará eternamente. No sabemos el día y la hora, pero es evidente que Pedro Sánchez está cerca de pintar en la mesa del Consejo de Ministros la raya de “hasta aquí llegó la riada”. ¿Coincidirán las elecciones andaluzas y las generales?

 Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense