Un mercado en el que orbitan burbujas inestables de activos alternativos

La valoración actual de activos puede considerarse anclada en fundamentales; pero hay una parte solo justificable en la red establecida por el activismo de los bancos centrales

Las burbujas financieras, ese fenómeno que representa gráficamente el hinchado del caparazón líquido y flexible de una pompa de jabón sin que contenga otra cosa que aire, que hincha el precio de un activo sin que exista fundamento subyacente alguno que lo sostenga, justifique y ancle a tierra firme, han existido siempre. Los tulipanes holandeses, las empresas puntocom, la revalorización inmobiliaria en España construida sobre arena movediza, ... Cuando se trata de fenómenos aislados su explosión es controlada y los daños limitados; pero cuando afecta a una larga cadena de activos, salpica en la detonación a una economía entera, aflora de repente la vacuidad de su valor y lastra por un tiempo prolongado a economías enteras, que tardan años en recuperarse y dejan defunciones importantes.

La valoración actual de los activos en los mercados puede considerarse anclada en fundamentales; pero hay una parte que solo es justificable en la red establecida por el activismo de los bancos centrales, y que afecta a los precios de la deuda soberana y corporativa, y también a los de las acciones. La inexistencia de primas de riesgo en la deuda soberana está amparada precisamente por la red de seguridad artificialmente tendida por los programas de compra y recompra de bonos de las autoridades monetarias, que al mantener financiación tan abundamnte y tan barata prolonga también artificiosamente la vida de infinidad de empresas zombies con pies de barro. En todo caso, tras los ajustes de precios de la crisis actual, ha devuelto cierta correlación entre los precios de las acciones y los beneficios de las empresas.

Pero es innegable la existencia de nichos envueltos en burbujas con poca explicación práctica, y que se concentran en la generación y comercialización de activos alternativos con volatilidad desmesurada, pero que atraen a nuevos colectivos de inversores inexpertos pero empoderados por la tecnología y las redes, así como por la abundancia de liquidez y la avidez por el retorno inmediato sin temor alguno al riesgo. Además de las empresas que caen en la red de fobias y filias de la sindicación colectiva, tienen precios irreales las criptodivisas, que carecen de liquidez, de emisores reconocidos, de reguladores vigilantes y de sistemas de seguridad ante pérdidas; tienen precios irreales los spacs, vehículos muy comunes en EE UU que captan dinero para invertir en todo tipo de activos, y que desatan la avaricia de particulares poco avisados; y seguramente tienen precios irreales los activos tocados por la gracia de las supuestas tendencias inversoras de futuro, pero que está aún lejos del presente. Todas deben ser vigilados y acercarse a ellos con la precaución debida, para separar grano de paja, y evitar que contagie a los activos reconocibles que componen el sustrato del mercado.