Norwegian Air no sale de las turbulencias

El plan del Gobierno prevé que los accionistas sigan poniendo dinero

Norwegian Air Shuttle acaba de encontrar un paracaídas de reserva, aunque no hay garantía de que vaya a tener un aterrizaje seguro. El Gobierno noruego cambió el rumbo ayer, diciendo que estaba dispuesto a respaldar los planes de rescate de la firma, que implican abandonar sus ambiciones transatlánticas y reducir su flota a más de la mitad. El problema es que los accionistas, ya sean nuevos o actuales, deben aportar además al menos 438 millones de euros.

Incluso después de subir un 14% ayer por la mañana, su valor de mercado era de solo 262 millones, algo más de la mitad de la inyección necesaria. Oslo tampoco ha explicado las condiciones de su préstamo híbrido, aparte de decir que no quiere acabar siendo accionista. Los actuales propietarios de Norwegian probablemente pensaron lo mismo antes de acordar un canje de deuda por acciones de 3.500 millones de euros el año pasado. Tener que pagar más para permanecer en un vuelo potencialmente condenado no suena divertido.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías