Danone debe quitar poder a su jefe, como poco

El fondo activista Bluebell quiere que la empresa reparta el papel de presidente y CEO y que el jefe, Emmanuel Faber, renuncie

Emmanuel Faber, CEO de Danone.
Emmanuel Faber, CEO de Danone. REUTERS

El fondo activista Bluebell quiere que Danone reparta el papel de presidente y CEO y que el jefe, Emmanuel Faber, renuncie. Hay motivos al menos para lo primero. Desde octubre de 2014, cuando lo nombraron CEO, la firma ha devuelto el 24% a los accionistas, frente al 109% de Unilever y el 73% de Nestlé. También ha presidido una serie de incumplimientos de objetivos y un lento crecimiento de los ingresos, y su retorno del 10% del capital invertido después de impuestos está a la zaga de sus rivales. El negocio de nutrición especializada, que incluye alimentos para bebés y pacientes hospitalarios, lo ha pasado mal. A pesar de haber entrado pronto en la moda vegetal, con la cara adquisición de WhiteWave Foods en 2017, Danone afronta el desafío de empresas emergentes de crecimiento más rápido como Oatly.

El proteccionismo francés suele dificultar la vida de los activistas, pero las opiniones de Bluebell deberían ganar apoyo. Combinar las funciones de presidente y CEO puede ser aceptable para grupos que van bien como L’Oréal, pero no cuando se está a la deriva. Si bien Danone eligió recientemente un nuevo independiente para el consejo y anunció planes para otros dos en diciembre, a sus consejeros, en su mayoría franceses, les vendría bien una mayor experiencia externa en el sector. El reciente nombramiento de la exjefa financiera Cecile Cabanis para el consejo, casi justo tras su dimisión, lanza un mensaje equivocado.

El mayor problema para Faber es la complejidad del problema. Ha empezado reorganizando la compañía por geografías y considerando algunas desinversiones menores, aunque nada radical como la venta del negocio de agua. Después de años de malas excusas, Danone también debe ser más transparente, como Nestlé.

El sentido común dice que no se debe cambiar al CEO y al presidente a la vez. La prioridad debería ser un presidente firme que empuje a Faber a garantizar la vuelta a un crecimiento rentable en el segundo semestre, como ha prometido. Y podría aprovechar ese tiempo para buscarle sustituto para el caso de que no cumpla su promesa.