Las empresas deben prepararse para reforzar su capital si la crisis se dilata

Aquellas de pequeño tamaño y que se desenvuelven en los sectores ligados a la movilidad física de la población deben revisar su estructura financiera

La tercera oleada de contagios del Covid-19 es una realidad que los números aflorarán en los próximos días tanto en España como en Europa, con confinamientos más o menos estrictos en casi todos los países, y una inevitable vuelta de tuerca restrictiva adicional a la actividad. Parálisis de la demanda agregada, prórrogas de los instrumentos de protección de las plantillas y tensiones adicionales de liquidez en las empresas, que inevitablemente generarán problemas de solvencia cuando los esquemas de protección corporativa puestos en marcha por los gobiernos (créditos ICO de amortización dilatada, moratoria de concursos de acreedores, ERTE, bulas financieras) vayan expirando a lo largo de este invierno y la próxima primavera.

El óptimo sería que la vacunación fuese rápida en todo el mundo y que en unos pocos meses se hubiese inmunizado a la inmensa mayoría de la población; pero si las compañías farmacéuticas han desarrollado una carrera prodigiosa de investigación para lograr las vacunas, es mucho pedirles que dispongan de la capacidad industrial de producción masiva como para que la inmunización pueda cerrarse antes del verano. Por tanto, las empresas deben prepararse para resistir una temporada más larga de la inicialmente prevista, hasta que la economía coja la velocidad de crucero, que bien podría tardar un año completo en Europa y no menos de dos completos en España.

Por ello, además de buscar vías de provisión de liquidez, las empresas, especialmente aquellas de pequeño tamaño y que se desenvuelven en los sectores ligados a la movilidad física de la población (y de eso hay miles de ellas en España) deben revisar su estructura financiera para reforzar su capital. Instrumentos hay para hacerlo y disponibilidad financiera, también, pero en muchos casos en manos de financiadores ajenos y a precios confiscatorios, además de culminar en muchas ocasiones con el desmantelamiento de empresas enteras que en condiciones normales habrían prolongados sus historias de éxito.

Ante tales circunstancias ganan protagonismo los escudos financieros creados por las autoridades públicas para proteger a las empresas y cuya provisión de fondos está avalada por las autoridades europeas, como los propios fondos comunitarios puestos a disposición de los gobiernos: de poco serviría gastar en grandes proyectos de futuro si entre tanto se permite la destrucción de tejido empresarial que proporciona centenares de miles de empleos tradicionales. Y tendrá también una importancia capital la banca, que debería atender, con la protección del BCE, la refinanciación de las empresas con problemas puntuales, pero expectativas de negocio aceptables una vez se supere la pandemia.