España necesita un plan creíble de reducción de deuda y déficit

El Gobierno debe enviar señales al mercado de que España cuenta con una estrategia meditada, clara y bien planificada de saneamiento fiscal para los próximos años

La ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, anunció ayer que el Tesoro reducirá su objetivo de emisión de deuda para 2021 gracias a la entrada de más ingresos fiscales de lo esperado en las arcas públicas el año pasado y a las previsiones de crecimiento económico que maneja el Gobierno para los próximos meses. El organismo que dirige Carlos San Basilio se había fijado como objetivo para este año en torno a 299.138 millones de euros, lo que supone un 6% más que en 2020, y equivaldría a colocar en el mercado cerca de 6.000 millones de euros a la semana. A juicio de la vicepresidenta económica, que ha recordado el repunte de actividad que se produjo el pasado verano, será el crecimiento económico el factor que permitirá a España “ya este mismo año reducir el déficit público y empezar a contener la deuda pública”.

Que España necesita reconducir su senda fiscal, comenzar a meter en cintura su déficit público y poner freno al crecimiento exponencial de la deuda, situada ya por encima de los 1,3 billones de euros, es un hecho indiscutible. El creciente desequilibrio de los ingresos y gastos públicos y el aumento de las necesidades de financiación del Estado en los últimos meses son consecuencia inmediata de una crisis inédita e inesperada que ha obligado al Gobierno a abrir el grifo del gasto para sostener tanto a las empresas más afectadas por las restricciones de la actividad como a la población en circunstancias de mayor vulnerabilidad. Pero tanto el elevado déficit como el exceso de endeudamiento no son problemas nuevos para la economía española, sino lastres que arrastraba ya antes del estallido de la pandemia y que deben ser solucionados mediante una estrategia clara de saneamiento y control de las finanzas públicas.

En un contexto como ese, la decisión de reducir el objetivo de emisión de deuda del Tesoro al inicio del ejercicio, cuando el país está entrando en la tercera ola de la pandemia y con el soporte de unas previsiones de crecimiento bastante más optimistas que las de otros organismos, parece, cuanto menos, precipitada. Al igual que en el caso de la política económica, el Gobierno debe enviar señales al mercado de que España cuenta con una estrategia meditada, clara y bien planificada de saneamiento fiscal para los próximos años, que permita al país equilibrar progresivamente sus finanzas públicas, retornar a la senda de consolidación comprometida con la Unión Europea y reconducir el volumen desmesurado del endeudamiento del Estado. Para que ese mensaje sea escuchado debe estar bien fundamentado y apoyarse en unas previsiones que sean realistas y no corran el riesgo de quedarse en papel mojado de hoy para mañana.